Majo to Youhei Volumen 4 capítulo 3
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Witch and the Mercenary volumen 4 capítulo 3 en español
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Golpe de Plata Rompepeñascos
Temprano por la mañana, Siasha y Lindia vigilaban una asociación comercial siguiendo una pista que habían recibido del gremio. Vestidas con túnicas sencillas para pasar desapercibidas, ambas mujeres pasaron horas observando las puertas de la asociación y llevando la cuenta de las personas que entraban y salían.
“La Asociación Comercial Rolyde está bajo sospecha de estar involucrada en actividades ilícitas”, dijo Lindia mientras vigilaba los alrededores y comía un sándwich. “Sabemos que esos aventureros sospechosos aceptan encargos de ellos con mucha frecuencia.”
Sorprendentemente, era muy buena manteniéndose alerta mientras comía. Sus movimientos eran cuidadosos y naturales. Quizá fuera fruto de los hábitos adquiridos durante tantos años como aventurera.
“No parece que tengan pruebas muy sólidas”, comentó Siasha.
En cambio, Siasha destacaba como un pulgar dolorido. Se mostraba inquieta y, durante sus intentos de espionaje, no dejaba de lanzar miradas demasiado evidentes hacia la asociación comercial. Lindia ya le había dedicado una sonrisa irónica y le había dicho que se relajara, pero aquello solo había conseguido ponerla aún más nerviosa.
“Ja, ja. Bueno, Rolyde no suele encargarse de cargamentos importantes y sus márgenes de beneficio tampoco son especialmente altos. Sin embargo, últimamente parece que a sus empleados les va demasiado bien.”
Según la información que el gremio había obtenido de un burdel, los clientes de Rolyde habían pasado de visitarlo una vez por semana a hacerlo una vez al día. Algunos incluso elegían varias chicas al mismo tiempo.
“Oh. Entonces resulta bastante evidente.”
Lindia dejó escapar un suspiro resignado y frunció los labios.
“Los hombres siempre terminan gastándose el dinero en alcohol, apuestas o mujeres. ¿Y qué hay del viejo con el que siempre andas?”
“¿Quién? ¿Zig?” Siasha hizo una pausa. Nunca se había detenido a pensar qué hacía Zig en su tiempo libre. “Creo que trabaja la mayor parte del tiempo. Come mucho, pero solo bebe para disfrutar la comida.”
“Ajá. ¿Y qué más?”
“¿Qué más...? Supongo que entrena.”
“Vaya, qué estoico. ¿Y después?”
“¿Uhh?” Siasha inclinó la cabeza, confundida.
Ella no creía haber visto nunca a Zig hacer otra cosa que no fuera trabajar o entrenar. Ir de compras con ella no contaba, y visitar la armería para echar un vistazo al equipamiento tampoco era exactamente un pasatiempo. ¿Qué hacía ese hombre en su tiempo libre?
Siasha se quedó en silencio.
“Umm, ¿Siasha?”
Siasha estaba completamente absorta en sus pensamientos.
Hasta la chica que siempre está con él solo lo ha visto trabajar y entrenar. Qué forma tan seca de vivir..., pensó Lindia. Llegó a la conclusión de que, comparados con él, los empleados de Rolyde que se gastaban el dinero en el burdel probablemente llevaban un estilo de vida más saludable.
Continuaron conversando sobre temas sin importancia hasta que, poco a poco, Siasha logró controlar sus nervios. Para cuando fue capaz de vigilarlos con la misma tranquilidad que un ama de casa esperando a que hirviera una olla, por fin ocurrió algo.
“¡Oh, ahí están!”
“Por fin.”
Los primeros en aparecer fueron los aventureros sospechosos que investigaba el gremio. Como era de esperar, no estaban todos presentes. Solo habían venido dos. Estaban hablando con un empleado de la asociación comercial, pero desde la posición en la que se encontraban era imposible escuchar la conversación.
A simple vista no había nada especialmente sospechoso, aunque uno de ellos sí parecía estar haciendo de vigilante.
“Está siendo exageradamente precavido.”
Lindia sospechó que algo raro estaba ocurriendo, pero Siasha inclinó la cabeza sin comprender por qué le daba tanta importancia. “¿Lo está? Zig suele colocarse así. Aunque él lo hace de una forma mucho menos evidente.”
“Vaya...”
Zig vivía todos los días permanentemente alerta. No era de extrañar que Siasha considerara aquello algo normal. Lindia no creía que esa fuera una forma de vida precisamente común, pero decidió no seguir insistiendo y volvió a centrar su atención en sus objetivos. Tras conversar un rato con el empleado de la asociación, los dos aventureros finalmente entraron en el edificio.
“Movámonos. Pero... ¿dónde están los otros tres...?”
En cuanto Lindia se puso de pie, un destello de luz solar cruzó fugazmente frente a sus ojos. Instintivamente se agachó para esquivarlo, dándose cuenta demasiado tarde de su error. Le habría bastado con inclinarse un poco para evitar el cuchillo arrojadizo, pero su reacción apresurada la hizo perder el equilibrio. Sabiendo que ya no había tiempo para hacer otra cosa, extendió la mano izquierda, apretó los dientes y se preparó para soportar el dolor.
El cuchillo se detuvo con un leve *thud*.
“¿Huh?”
Al volver la vista, vio que un brazal de roca envolvía su brazo derecho, protegiéndolo del impacto.
“¿Estás bien?”, preguntó Siasha, como si un cuchillo no hubiera estado a punto de atravesarle la cabeza a Lindia. Actuaba con tanta naturalidad que, por un instante, Lindia creyó estar soñando.
“¿Tú hiciste esta roca, Siasha? ¿Qué...?”
Un látigo de viento interrumpió a Lindia, recordándole que ese no era momento para conversar. Levantó el escudo justo a tiempo para bloquear una flecha que volaba hacia ella.
“¿Qué pasa con esa gente?”, preguntó Siasha.
Lindia derribó de una patada la mesa frente a ellas para usarla como cobertura mientras sus enemigos preparaban otra descarga.
“¡Nos descubrieron, eso es lo que pasa!”
Siasha dio una palmada al comprenderlo. “Oh, ¡ya veo!”
Lindia aprovechó ese momento para asegurar el escudo en su brazo derecho y desenvainar la espada que llevaba al cinturón. Había un total de ocho atacantes. Todos estaban armados con ballestas y arcos cortos, decididos a mantener su posición.
“¡Perros del gremio!”, gritó uno de los camareros que empuñaba una ballesta. “¡No dejaremos que se interpongan en los asuntos de la asociación comercial!”
El rostro de Lindia palideció al comprender lo que quería decir. “¡¿Rolyde también es dueña de este lugar?!”
Aquello era un desastre. Sin darse cuenta, habían entrado directamente en territorio enemigo. La mayoría de sus oponentes eran civiles comunes armados con ballestas de caza, en lugar de artefactos mágicos especializados, pero tenían el suficiente sentido común como para no enfrentarse de cerca contra aventureros. No pensaban abandonar sus posiciones.
“Lindia, por aquí.” Siasha le hizo una señal después de levantar rápidamente un muro de tierra.
El muro era sólido; no parecía un hechizo lanzado a toda prisa en absoluto, y bloqueó todos los proyectiles que se dirigían hacia ellas. Lindia se refugió detrás de la barrera justo antes de que la mesa —convertida en un auténtico alfiletero— terminara haciéndose pedazos.
“Ellos son muchos...”

El equipo de Lindia era lo bastante resistente como para soportar los virotes de una ballesta, pero su cabeza seguía desprotegida. Además, por motivos económicos había prescindido de algunas piezas de armadura, así que no podía permitirse recibir impactos directos. ¡Menos mal que Siasha estaba allí! Una maga de su nivel no tendría ningún problema en abrirse paso entre sus enemigos.
“¿Puedes encargarte de ellos, Siasha?”
Siasha asintió con calma detrás del muro de tierra y dio un paso al frente.
“¿Debo entender que todos los que están aquí son enemigos?”
“Sí, pero siguen siendo civiles, así que intenta contenerte. Al gremio no le conviene que los lastimemos más de la cuenta.”
Ni siquiera los criminales podían ser ejecutados sin antes someterse a un juicio. La policía militar tenía autoridad para hacerlo dependiendo de las circunstancias, pero que unos aventureros mataran a civiles estaba completamente fuera de discusión.
Siasha hinchó el pecho con orgullo para tranquilizar a Lindia. “Déjamelo a mí.”
Lindia pensó que Siasha debía de tener un plan muy sólido para mostrarse tan confiada... pero todavía no la conocía lo suficiente.
“Verás, ¡hace poco dominé el arte de contenerme!”
Esto no va a terminar bien..., pensó Lindia mientras veía cómo un gigantesco brazo de roca se formaba alrededor del brazo de Siasha. Sin embargo, ya era demasiado tarde para detenerla.
✦✦✦
Katia y Zig caminaban por una de las calles principales durante otra ajetreada mañana en el centro de la ciudad.
“¿Qué haremos hoy?”, le preguntó Zig a su clienta.
Ella se volvió para mirarlo. Su equipamiento estaba completamente destrozado. Cualquiera podía darse cuenta de que había sufrido daños graves, y si alguien quisiera atacarlos, aquel sería el momento perfecto. Dicho eso, Zig se encontraba en perfecto estado de salud.
“Empezaremos por reparar tu equipo. A juzgar por lo de ayer, estaremos en serios problemas si no estás en las mejores condiciones.”
La emboscada del día anterior había dejado muy clara para Katia la gravedad de su situación actual. Aunque era lo bastante fuerte como para darle una paliza a un par de mafiosos, el combate que había presenciado estaba a otro nivel. Sintió cómo se le encogía el estómago al recordar el enorme peligro en el que realmente había estado cuando Zig apareció para salvarla.
No me alcanzan las vidas para enfrentar monstruos como esos. Será mejor dejar ese trabajo al especialista.
Ni siquiera había tenido tiempo de prepararse para morir cuando aquella flecha salió disparada hacia ella. No pensaba acabar de esa manera.
Zig asintió, completamente ajeno a los pensamientos que cruzaban la mente de Katia.
“Gracias”, dijo. “Tengo una tienda a la que suelo ir, si no te importa. Allí el mantenimiento será más rápido.”
Katia recordó la enorme cuenta del almuerzo que él le había endosado durante su primera negociación. “Está bien, ve allí. Pero no olvides una cosa: 'dentro de lo razonable'.”
“Por supuesto.”
Él respondió a la mirada desconfiada que ella le dirigió con una vaga sonrisa y echó un vistazo a su alrededor.
Observadores. Debí haberlo imaginado.
Zig no dejaba de vigilar los alrededores ni siquiera mientras conversaban. La persona que había detectado siguiéndolos debía de ser uno de los Bazartas, un vigilante encargado de mantener a Katia bajo observación. Zig ya había visto ese rostro antes.
Aunque le incomodaba estar siendo vigilado, continuó caminando hacia la armería.
“Parece que recibiste una buena paliza.”
La dependienta no pudo evitar comentarlo al ver los daños que la espada de Makar había dejado en la coraza y los guanteletes de Zig.
“Lo siento...”, se disculpó Zig. Se sentía mal porque el equipo que ella había escogido con tanto cuidado, teniendo en cuenta sus necesidades de combate y su situación económica, ya había quedado hecho trizas.
“¡No pasa nada! Me alegra mucho verte con vida, señor Zig. Si puedo ser sincera, estaríamos encantados de que siguiera comprando equipo nuevo con nosotros... siempre y cuando no resulte gravemente herido.”
“Eso tranquiliza.”
Su sonrisa profesional permanecía impecable, ocultando por completo lo que realmente pensaba. Si eso era lo que ella decía, Zig no tenía inconveniente en aprovecharse de ello.
“Quiero algo más o menos del mismo precio y rendimiento que la última vez”, dijo Zig. “Puedes hablar con ella sobre el pago. Hoy será ella quien cubra los gastos.”
Cuando se volvió hacia Katia, vio que esta observaba a la dependienta con evidente desconfianza. Ya le había parecido que quería decir algo cuando él insistió en ir a aquella tienda.
“¿Se conocen?”, preguntó Zig.
“Podría decirse”, respondió Katia de mala gana.
En cambio, la dependienta habló de inmediato.
“Zig, no pretendo entrometerme en sus asuntos, pero debo recomendarle que elija mejor a las personas con las que se relaciona. Ella no es una persona decente.”
Zig se quedó inmóvil, completamente sorprendido por aquella repentina reprimenda.
Katia dio un paso al frente y la fulminó con la mirada. “Qué bonito que lo digas tú, cazafortunas. Seguro que solo le compró aquí porque no podía seguir el ritmo de todo lo que le decías, ¿verdad, Zig?”
“Yo únicamente priorizo los intereses de la tienda, como haría cualquier empleada. Le agradecería que no me metiera en el mismo saco que escoria problemática como usted.”
“Hablas mucho para alguien que acaba de decirle a su cliente que no le importa que le destrocen el equipo. 'Mientras no esté muerto, señor Zig', ¿eh? ¿Qué clase de demonio eres? Tienes razón, yo ni me acerco a tu nivel.”
“¡¿Qué acabas de decirme?!”
“¿Quieres pelear? Pues adelante.”
Las dos se lanzaron miradas asesinas, aunque ninguna levantó la voz. La mirada de Katia bastaba para hacer encogerse a un hombre adulto, pero la dependienta tampoco tenía intención de retroceder.
Sí que se conocían. Y lo bastante bien como para odiarse.

“Hrm...” Zig gruñó por lo bajo mientras retrocedía, procurando no hacer ruido con sus pasos. Poco a poco se fue alejando de las dos mujeres, abandonó silenciosamente la discusión y pasó desapercibido hacia un segundo plano.
“¡Zig! ¡Eh, eres tú! ¿Qué tal está funcionando el ítem mágico? Tienes pinta de ser alguien bastante bruto con su equipamiento, así que me preocupa que ya lo hayas hecho pedazos.”
Los intentos de Zig por escapar fracasaron cuando Gantt irrumpió a toda velocidad. Zig le lanzó una mirada cargada de resentimiento, pero el herrero siguió parloteando como si nada.
“¿Volviste a usarlo contra monstruosidades? ¿Cuántas veces? ¿Con qué intensidad? ¡Necesito todos los detalles! Y— ¡eep!”
Gantt soltó un pequeño grito en mitad de su interminable charla al darse cuenta de la presencia de Katia. Sin perder un segundo, se escondió detrás de Zig. Por cómo reaccionó, era evidente que sabía que ella estaba relacionada con la mafia.
“¿Tú también la conoces?”, preguntó Zig.
“¡¿Cómo no conocerla?! ¡Además, tienes toda la pinta de ser el tipo de persona que trata con gente como ella!”
“Qué grosero. Mi cara no tiene nada que ver con esto.”
Al escuchar a los dos hombres discutir, las dos mujeres volvieron en sí y apartaron la mirada que habían mantenido clavada la una en la otra.
“Con permiso.”
“Hmph.”
La dependienta hizo una reverencia mientras Katia resoplaba con desdén. El contraste entre los gestos de ambas era tan marcado que resultaba imposible no notarlo. Gantt hizo todo lo posible por evitar mirar en dirección a Katia y, poco a poco, se colocó detrás de la dependienta para usarla como escudo. Ver a un hombre tan desaliñado asustado hasta el punto de esconderse detrás de una chica de aproximadamente la misma edad era... cuanto menos, patético.
“Katia y yo tenemos una historia”, explicó la dependienta. “Conozco la organización a la que pertenece y el lugar que ocupa dentro de ella. Por eso no recomiendo involucrarse con alguien como ella.”
“No me hagas reír, Sciezka”, respondió Katia. “No conoces a este hombre ni la mitad de lo que crees. No es tan 'recto e íntegro' como te imaginas. De hecho, si no fuera por todo el lío que está ocurriendo ahora mismo, yo tampoco tendría nada que ver con él.”
Qué directa es, incluso conmigo aquí presente.
A Zig no le hacía ninguna gracia que lo pintaran como un hombre con el que ni siquiera la mafia quería relacionarse, pero permaneció en silencio y siguió observando la discusión. Después de todo, Katia tenía razón en gran parte de lo que decía.
“Dejando de lado a qué se dedica el señor Zig, él es un cliente respetable de nuestra tienda. Mire, hoy usted solo ha venido a pagar, ¿no es así? Entonces limítese a guardar silencio y abonar la cantidad que le indique.”
“Y aun así soy yo quien va a pagar por él, tú... ya sabes qué, olvídalo. Encárgate de eso. Zig, elige lo que quieras. Avísame cuando termines.”
Exasperada, Katia se alejó para recorrer la tienda por su cuenta.
“Esa chica... Por aquí, señor Zig.”
“Claro.”
Zig siguió a Sciezka. Aunque sentía curiosidad por la relación entre ambas, decidió que era mejor no meter la mano en ese avispero.
A pesar de la ayuda de Sciezka, a Zig le estaba costando encontrar un equipo que cumpliera con lo que buscaba. Decidió comprar la misma armadura que la vez anterior, pero no tuvo la misma suerte cuando llegó el momento de elegir unos brazales.
“No hay mucha demanda de brazales, ¿sabe?”, le explicó Sciezka.
“¿En serio?”
“Incluso los fabricados con materiales de buena calidad no resisten demasiado contra las monstruosidades. Además, desde el punto de vista del consumo de maná, el peso y el coste, resulta mucho más eficiente usar hechizos defensivos que unos brazales hechos de materiales resistentes.”
Cuanto más pesado era el equipo, más maná había que invertir en el fortalecimiento físico, lo que provocaba un mayor agotamiento fuera del combate. Era mucho más eficiente conservar el maná si solo era necesario imbuir el equipo con magia cuando realmente se iba a usar.
“Otra vez la magia...”
A Zig no le gustaba seguir quejándose del mismo asunto, pero su escasa cantidad de maná siempre terminaba saliendo a relucir cada vez que iba a comprar equipamiento.
En una ocasión le había preguntado a Gantt si existía una armadura que utilizara núcleos de maná, como sus guanteletes de combate, pero el herrero lo había decepcionado al explicarle que la mayoría de la gente no era tan insensata como para usar algo así en una armadura. La razón era simple: una vez que los núcleos de maná se agotaban, el equipo quedaba reducido a simple chatarra. Con las armas ofensivas era diferente, ya que se consideraban más bien consumibles. Después de escuchar la explicación, Zig tuvo que admitir que tenía sentido. Aparte de poder anular un único impacto, no le daba ninguna confianza llevar puesto algo que pudiera romperse de repente.
De hecho, como el equipo que incorporaba núcleos de maná no podía utilizarse junto con la magia convencional, la mayoría de quienes conseguían uno terminaban vendiéndolo o lo reservaban como último recurso, igual que hacía Zig.
“Los únicos brazaletes que tenemos en stock son o increíblemente ligeros y frágiles, o resistentes y pesados. No hay punto medio.”
Sciezka sacó un par de brazaletes ligeramente más grandes que los actuales de Zig, hechos con caparazón de Escarabajo Escudo. A diferencia del diseño estilizado de los que llevaba puestos, estos tenían una forma mucho más angulosa. Su color púrpura oscuro les daba un aspecto tan inquietante como el extraño brillo que desprendían. En las manos de Zig se sentían realmente pesados, aproximadamente lo mismo que un escudo.
“El artesano que los fabricó los bautizó como los Brazaletes del Dragón Azul.”
La palabra “dragón” despertó inmediatamente el interés de Zig.
“¿Material de dragón, eh? Sí que transmite esa majestuosidad.”
Asintió, reconociendo el aura extraña pero imponente del material.
Mientras tanto, Sciezka negó con la cabeza sin perder su sonrisa profesional.
“No. Están hechos de Camarón Mantis.”
Zig se quedó completamente inmóvil y la miró fijamente. “¿Camarón?”
“Para ser exactos, de un Camarón Mantis Arcoíris. Aunque normalmente vive bajo el agua, sale a tierra firme para cazar. Utiliza magia para controlar las corrientes de agua y posee un caparazón extremadamente resistente. Con sus pinzas puede atravesar fácilmente monstruosidades de roca. Además, se sabe que sus golpes atraviesan la armadura de los aventureros y dañan sus órganos internos mediante las ondas de choque. Su nivel de peligro está clasificado como Séptima Clase.”
“Ya veo... Un camarón.”
Zig dirigió una mirada complicada a los Brazaletes del Dragón Azul. Toda la intimidante aura que desprendían había desaparecido, y juraría que ahora incluso despedían un ligero olor a pescado.
“Heh heh... ¡Ay!”
Sciezka le propinó discretamente una patada a Gantt por reírse entre dientes. Luego intentó animar a Zig explicándole las características de los brazaletes.
“Son pesados, pero muy resistentes. El caparazón posee resistencia mágica natural, así que no tendrá ningún problema para desviar hechizos básicos. Por supuesto, también pueden utilizarse para atacar, y están diseñados de tal forma que el retroceso y las ondas de choque de sus puñetazos se desvían hacia los codos.”
“Ya veo... Al final lo importante es el rendimiento. No importa de qué monstruosidad provenga el material.”
Zig se colocó los brazales. Sus llamativos colores destacaban bastante, pero eran sorprendentemente cómodos de llevar. A diferencia del par anterior, estos no envolvían sus brazos, sino que se fijaban directamente a ellos.
El rango de movimiento no era malo, aunque le preocupaba que pudieran interferir con el uso de su arma. Por desgracia, eso era algo que solo podría comprobar en pleno combate.
En cuanto al peso... “No se sienten mucho más pesados.”
Zig notaba que aquellos brazaletes pesaban más que los de Escarabajo Escudo, pero, siendo sincero, la diferencia era mínima.
“¿Oh? Qué raro.” Gantt sacó una balanza para resolver la duda. “Mira, pesan aproximadamente un veinte por ciento más. O eres muy torpe para notar el peso, o eres increíblemente fuerte.”
Zig dejó de lado el impacto de que lo llamaran torpe y comenzó a lanzar puñetazos al aire. La velocidad de sus golpes no parecía muy diferente a la que tenía con sus antiguos brazaletes de Escarabajo Escudo.
“¿Qué opinas?”, preguntó.
“Lo siento, señor Zig, pero mis ojos no son capaces de apreciar la diferencia.” Lo único que Sciezka podía ver era el borrón de los brazos de Zig moviéndose a toda velocidad.
“Ya veo...” Los hombros de Zig se hundieron al no recibir la confirmación que esperaba.
Gantt soltó una carcajada. “¡Estás bien! ¡Un veinte por ciento no es nada comparado con confundir un aterrador Camarón Mantis con un dragón!”
Zig guardó silencio mientras consideraba seriamente darle un puñetazo al herrero en la cabeza, pero Sciezka se adelantó y le tiró de la barba con fuerza.
“Se los ajustaremos de inmediato.”
“Gracias.”
Sin perder en ningún momento su impecable sonrisa profesional, Sciezka se llevó a Gantt arrastrándolo mientras le tapaba la boca con una mano.
Una vez terminaron con todo, Zig llamó a Katia para que pagara la cuenta.
“Ya lo sabía antes de venir, pero el equipo para aventureros sí que es caro.”
Los brazaletes que Zig había elegido no eran especialmente caros. Lo que ocurría era que el equipo de calidad para aventureros era mucho más costoso que el destinado a los civiles.
Al ver el recibo, Katia esbozó una sonrisa forzada y sacó su chequera.
“Ah, cierto. Una cosa más.” Zig se detuvo justo cuando estaban a punto de salir de la tienda. Se volvió hacia Sciezka, que los despedía con la misma sonrisa profesional de siempre. “No puedo darte los detalles porque están relacionados con el trabajo, pero procura no salir sola y mantente alejada de los lugares poco concurridos.”
Sciezka parpadeó ante aquella repentina advertencia, aunque enseguida comprendió que Zig hablaba completamente en serio. Le dio las gracias; por primera vez en todo el día, su sonrisa profesional desapareció, sustituida por una genuina.
“Entendido. Se lo comunicaré a los demás empleados. Gracias por preocuparse por nosotros.”
“No me gustaría perder a una dependienta tan discreta.”
Zig se dio la vuelta y salió de la armería.
Katia lo esperaba a unos metros de distancia y echó a andar cuando Zig se acercó. Él caminó medio paso por detrás de ella mientras examinaba los alrededores. La persona que los seguía seguía allí.
“El otro día hablamos con los Cantarella”, dijo Katia. “Pronto nos pondremos en marcha. Me han ordenado llevar a un grupo conmigo para lanzar un ataque sorpresa. Tú serás nuestro respaldo por si alguien se interpone en nuestro camino o si terminamos acorralados.”
Zig se sorprendió al escuchar aquel cambio de planes. Las organizaciones grandes solían moverse con lentitud; no solo necesitaban la aprobación de la mayoría, sino que después tenían que coordinarse con los demás grupos.
“Eso ha sido rápido. Aunque supongo que para gente como ustedes será lo normal.”
“Esta vez la situación es tan grave que tenemos que actuar deprisa. Además, ya resolvimos nuestras disputas internas. Los Bazartas pueden reaccionar muy rápido cuando una sola persona lleva las riendas.”
“Huh... Ya veo.”
Zig ya había oído hablar de los conflictos internos de los Bazartas. Después de todo, habían sido la causa de su anterior trabajo relacionado con la mafia. Aun así, decidió no mencionar nada. Era un profesional y no quería darle a su clienta más motivos para desconfiar de él.
“¿Estás segura de que saldrá bien? Un enfrentamiento directo contra ellos no puede terminar bien para ustedes.”
Makar había sobrevivido incluso después de que le amputaran un brazo. También estaba el hombre del arco largo. Los Bazartas no podrían derrotar a hombres como ellos sin sufrir bajas considerables... aunque también era posible que fueran el tipo de organización dispuesta a aceptar ese precio.
“Eso mismo dije yo, pero, al parecer, ya tienen un plan. Dicen que contamos con suficiente poder de fuego.”
“Entiendo. Deben de tener algo preparado si hablan con tanta confianza.”
“No conozco los detalles, pero Vanno no es de los que se lanzan sin un plan. Puedes confiar en él.”
Vanno. Zig ya había oído ese nombre antes. Por lo que Katia le había contado, tenía que ser el mafioso de la otra vez. Era quien había descubierto la debilidad del enemigo y quien estaba dirigiendo a los Bazartas. Aunque solo se habían encontrado una vez, eso había bastado para que Zig comprendiera que Vanno era un individuo muy competente. Tendría que andar con cuidado si no quería que descubriera quién era en realidad.
Siguieron conversando hasta que abandonaron el centro de la ciudad y entraron en el distrito sur, adentrándose directamente en territorio de los Cantarella.
Dejaron atrás las concurridas calles comerciales y llegaron a la zona residencial. Los edificios eran cada vez más altos y bloqueaban la luz del sol. Allí se concentraban pequeñas tiendas privadas que no podían permitirse establecerse en el centro.
“Solo tienes que hacer de mi guardaespaldas, Zig. Cualquier otra cosa estaría fuera de los términos del contrato. Además, tendremos más gente como apoyo.”
“¿Y esa gente son los personajes que nos vienen siguiendo?”
Zig no se refería a los observadores que había detectado antes. Utilizó deliberadamente la palabra “personajes” para dejarle claro a Katia que hablaba de otro grupo distinto.
Probablemente llevaban siguiéndolos desde antes de que entraran en la armería. Los incompetentes que los vigilaban primero habían hecho que Zig detectara demasiado tarde a los otros. Aquellos sí eran auténticos expertos en seguir a alguien... de no ser porque, de vez en cuando, Zig alcanzaba a percibir el rastro de una magia desconocida procedente de ellos.
Katia miró a Zig como si continuaran manteniendo una conversación sin importancia. No cometió el error de principiante de ponerse a mirar alrededor buscando a quienes los seguían.
“¿Dónde?”
“A las cuatro en punto, a unos cinco metros. El joven que lleva dos sables en la cintura.”
Una gota de sudor resbaló por la barbilla de Katia. Estaba mucho más cerca de lo que había imaginado. Reprimiendo el pánico, lanzó una mirada en la dirección que Zig le indicó. Por suerte, él se encontraba delante de ella y la cubrió. En cuanto vio al hombre, la expresión de Katia cambió. Reconoció ese rostro, y no era una buena señal.
“Esto es un desastre.”
“¿Lo conoces?”
“Sí. Zasp Lognar, aventurero de Tercera Clase. Sabía que el gremio ya estaba moviéndose, pero jamás imaginé que enviarían a uno de sus mejores hombres...”
“¿Es famoso?”, preguntó Zig, pues nunca había oído ese nombre. La pregunta le valió un suspiro exasperado.
“¿Cómo es posible que no lo conozcas? ¡Si te pasas el día en el gremio! Es un prodigio por haber alcanzado la Tercera Clase siendo tan joven. ¿Qué demonios hace aquí?”
El gremio también estaba reuniendo información, pero los Cantarella habían impuesto una orden de silencio a sus hombres, impidiéndoles revelar nada. Como no habían conseguido averiguar nada interrogando a simples subordinados de la mafia, era natural que el gremio terminara apuntando directamente a los peces gordos.
Katia reprimió el impulso de chasquear la lengua y empezó a pensar. Sin embargo, Zig añadió más peso a sus preocupaciones al traer todavía peores noticias.
“No está solo. Hay más con él, aunque no sé exactamente dónde.”
“¡Rrgh! Entonces deben de ser los miembros de su grupo. He oído que forman un equipo de tres.”
Katia terminó cediendo a la frustración y se hundió los dedos entre el cabello.
¿Cooperamos con ellos y los llevamos hasta la escena del crimen? No, claro que no. Para ellos un mafioso sigue siendo un mafioso, y preferiría que no se interpusieran. ¿Qué demonios hago...?
Mientras Katia se sujetaba la cabeza con ambas manos, Zig apartó la vista de su clienta, que seguía gimiendo de frustración, y volvió a examinar los alrededores. Sus cejas se crisparon. Percibía que una de las personas que los seguían estaba utilizando un tipo de magia diferente.
“No tenemos tiempo para deliberar. Los otros dos ya se han movido. Probablemente nos estén rodeando en este mismo instante.”
La advertencia de Zig surtió efecto; Katia recuperó la compostura de inmediato.
“Iremos a un lugar apartado. Intentaré negociar.”
“De acuerdo.”
Siguiendo la iniciativa de Katia, ambos se adentraron en un callejón estrecho y desierto. Zig y Katia aceleraron el paso mientras las tres personas que los perseguían abandonaban cualquier intento de ocultarse y comenzaban a darles caza abiertamente. Las pisadas de quienes los rodeaban se hicieron lo bastante fuertes como para distinguirse con claridad.
Pisadas ligeras, normales y pesadas. Uno de ellos lleva una armadura pesada, por el sonido. Eso no es bueno. El de la armadura ligera debe de ser ese tal Zasp.
Katia se detuvo cuando ya estaban lo bastante lejos de la zona residencial. El callejón era amplio y estaba completamente desierto; no había rastro de vida, salvo por algo de basura esparcida por el suelo. No había ningún lugar donde esconderse. Era el sitio perfecto para mantener conversaciones secretas, ya que cualquiera que se acercara podía detectarse con facilidad. La mafia estaba acostumbrada a hacer negocios en lugares como ese.
“Hola. ¿Podrían dedicarme un momento de su tiempo?”
Katia se dio la vuelta al oír la voz. “¿Ocurre algo, aventurera?”
Su expresión era la de una auténtica miembro de la mafia. Intentando intimidar a la aventurera, adoptó una postura dominante, endureció el tono de su voz y la fulminó con una mirada afilada. Sin embargo, todo fue en vano. Un aventurero de Tercera Clase no se amilanaba por algo así.
“Aww, qué adorable.”
Una mujer de cabello plateado y con una venda cubriéndole los ojos se acercó a ellos, sonriendo pese a que Katia había intentado mostrar los colmillos.
Katia guardó silencio. A pesar de ocupar una posición importante dentro de la mafia, gotas de sudor comenzaron a formarse en su frente. Había esperado controlar el ritmo de la conversación, pero era completamente impotente ante la diferencia de poder que existía entre ambas, una diferencia comparable a la que separaba el cielo de la tierra.
Inconscientemente, Katia dio un paso atrás antes de que Zig apoyara una gran mano sobre su hombro.
“Hazlo breve. En este momento estamos un poco ocupados.”
La mujer de la venda pareció intrigada por el intento de Katia de mantenerse firme, pero su expresión se torció cuando dirigió la atención hacia Zig.
“¿Y tú qué haces aquí? Ya me parecías sospechoso antes, pero ¿de verdad terminaste uniéndote a una organización criminal?”
“Solo es un trabajo.”
“¿Trabajar para la mafia? Ridículo.”
“No elijo a mis clientes. ¿Y tú? ¿Ahora estás jugando a ser policía militar?”
Elsia había lanzado aquellas palabras cargadas de reproche porque realmente no podía creer lo que veía, pero Zig permaneció sereno y le devolvió el golpe. Elsia suspiró, consciente de que no conseguiría sacarle nada más.
Volvió a centrar su atención en Katia. “¿Esto te resulta familiar?”
Elsia sacó una jeringa demasiado familiar. Katia no tenía idea de dónde la había conseguido. Tanto ella como Zig se habían asegurado de limpiar por completo la escena de la pelea.
“¿Y qué se supone que es eso?” Preguntó Katia.
“Oh, solo es una droga que ha estado circulando últimamente. Ya se ha cobrado algunas víctimas de nuestro lado. Eso es lo que estamos investigando. Y sospechamos que ese grandulón de ahí la está usando.”
¿Cómo llegaron a esa conclusión?
Zig frunció el ceño ante aquella acusación sin fundamento, pero no dijo nada. Fuera cual fuera la verdad, era evidente que pensaban utilizarlos como un peldaño para llegar a ella.
La expresión de Katia permaneció firme mientras cruzaba los brazos. “Lo contraté como guardaespaldas personal hace unos días. No tiene nada que ver con esa cosa.”
“Entonces, ¿qué hay de ustedes? ¿Quién más podría estar distribuyendo una sustancia tan peligrosa? Tenemos testigos que vieron a ese hombre destrozar a otros miembros de la mafia. Fue bastante espantosa la forma en que murieron. ¿Cómo piensas explicar eso?”
Tiene razón. Katia no pudo evitar estar de acuerdo. Había visto a Zig pelear de cerca. Cualquiera que lo viera combatir pensaría que él era el elemento fuera de lugar. El propio Zig, sin embargo, no parecía impresionado.
“Fue en defensa propia”, insistió Katia. “Ellos nos atacaron primero. Esa droga prácticamente los vuelve imposibles de matar. Quienes la están distribuyendo son mafiosos que vienen de fuera de la ciudad.”
La mujer de la venda en los ojos soltó una risa despectiva al oír la explicación de Katia.
“¿Y pretendes que me crea eso?”
“Es la verdad. También nos están causando muchos problemas a nosotros.”
La mujer de la venda se quedó pensativa por un momento, pero al final negó con la cabeza. “No voy a decir directamente que estás mintiendo, pero claramente estás ocultando demasiadas cosas. ¿Podríamos hablar con tu jefe? Te prometo que no recurriremos a la violencia.”
“Ya te dije que estoy ocupada. Dame dos días. No— un solo día.”
La intervención del gremio en ese momento solo estorbaría el plan. Todavía no sabían quién movía los hilos detrás de todo aquello y, encima, los aventureros ahora sospechaban de Zig por la pelea del día anterior. Aggretia podría aprovecharse de la situación. Katia necesitaba ganar tiempo.
“No somos unos niños haciendo un recado”, respondió Elsia. “Nuestros superiores no aceptarán un 'esperen' como respuesta.”
“¿Ni siquiera si les decimos que se mantengan al margen porque vamos a encargarnos del problema ahora mismo?”
A Katia no le importaba darles información si con ello conseguía que dejaran de perseguirlos. Sin embargo, su propuesta solo recibió un silencio cargado de hostilidad.
Zig dio un paso al frente, colocándose delante de ella, y habló en voz baja. “Vete, Katia.”
Las negociaciones habían terminado. Sus oponentes también comprendieron que el combate era inevitable y comenzaron a prepararse. El del espadón y el de los dos sables salieron de donde estaban ocultos y se colocaron junto a la mujer de la venda.
“Lo siento”, dijo Katia con frustración mientras retrocedía. Sabía que ya no había nada más que pudiera hacer. “¿Puedes ganar algo de tiempo?”
“Sí. Me reuniré contigo cuando termine. Intenta no meterte en problemas hasta entonces.” Zig permanecía tranquilo a pesar de la situación e incluso tenía tiempo para soltar una broma.
“Esa era mi frase, idiota.”
Zig sintió que Katia le daba una palmada en la espalda, y poco después el sonido de sus pasos se perdió en la distancia. Sacó su arma y adoptó una postura de combate. La mujer de la venda, Elsia, lo observó con su garrote en la mano.
“Qué sereno para alguien que está en desventaja numérica, tres contra uno. He oído historias sobre ti, pero debes tener mucha confianza en tus habilidades”, dijo Elsia en tono burlón mientras se acercaba.
“Tal vez. Ven y compruébalas.”
Tylon llevaba el espadón a la espalda, mientras que Zasp se desplazaba hacia un lado con sus dos sables, buscando una apertura.

“Estás muy confiado para ser un drogadicto. ¿De verdad crees que puedes vencernos con un simple aumento de poder?”, lo provocó Elsia. Sin embargo, no era más que un farol. Sabía que no podía bajar la guardia contra él.
“No lo sé. Estoy a punto de averiguarlo.” La voz de Zig transmitía absoluta confianza. Su espada gemela azul y sus guanteletes color púrpura oscuro brillaban con un resplandor misterioso.
Dejaron de intercambiar palabras y se limitaron a observarse, esperando a que alguno diera el primer paso. Zig aprovechó ese momento para inspeccionar el equipo de sus oponentes. Dejando a un lado el del espadón y el de los dos sables, el garrote de la mujer de la venda le resultó bastante extraño.
El asta parecía hecha para que la blandiera alguien de constitución mucho más robusta. Era la primera vez que veía un garrote tan largo y delgado. Su longitud era prácticamente la misma que la de la espada gemela de Zig. Incluso ella lo sujetaba de una manera muy parecida.
Sea lo que sea, lo está usando una aventurera de Tercera Clase. Tiene que haber algún truco detrás de esa arma.
Zig ajustó ligeramente su posición, pero no tomó la iniciativa. Su objetivo era ganar tiempo; había algo en sus adversarios que lo hacía dudar. No podía lanzarse al ataque sin pensar.
“¡Vamos!”
Zasp fue el primero en perder la paciencia y se lanzó directamente contra Zig con los dos sables en las manos. Alcanzó su velocidad máxima en apenas tres pasos, colocándose al nivel de Makar. Como experto en combate de alta velocidad, utilizaba sus dos hojas para desconcertar a sus oponentes con una sucesión ininterrumpida de ataques. Tras cubrir diez metros en un abrir y cerrar de ojos, descargó un tajo.
Aunque Zig esquivó sus ataques con habilidad, Zasp no se sorprendió. Ya esperaba que aquel enorme mercenario fuera fuerte. Sin vacilar, lanzó un ataque de seguimiento incluso más rápido de lo que Zig podía esquivarlo.
Zig bloqueó uno de los sables de Zasp con su espada gemela y, acto seguido, desvió el otro de un golpe.
¡Qué fuerza! Los ojos de Zasp se abrieron de par en par y un escalofrío le recorrió la espalda al sentir el poder detrás de aquella desviación. Retrocedió por puro instinto, pero el mercenario fue tras él. Zasp era más rápido, pero Zig tenía una zancada mucho más larga.
Tylon irrumpió en ese instante, blandiendo su espadón. Hacer ajustes precisos era difícil para un hombre tan grande y cubierto con una armadura pesada, pero gracias a sus mejoras físicas era más que suficientemente rápido cuando cargaba en línea recta.
“¡Yaaaah!”
“¡Haah!”
Tylon descargó el espadón sobre la espada gemela de Zig, desviando su trayectoria, y volvió a atacar de inmediato. Chispas saltaron cuando ambas armas chocaron con agudos y pesados *¡CLANG!*. El suelo tembló mientras el estruendo de sus armas resonaba por todo el callejón vacío, tan fuerte que hacía zumbar los oídos.
Los dos hombres corpulentos empujaron sus armas con todo el peso de sus cuerpos — espada gemela contra espadón.
“¡Hngh!”
Sin embargo, el equilibrio de fuerzas empezó a inclinarse lenta pero inexorablemente. A pesar de la ventaja inicial que Tylon había obtenido gracias al impulso de su golpe descendente, no logró imponerse a Zig. Una vez perdido ese impulso, descubrió que ahora era Zig quien comenzaba a hacerlo retroceder.
Gotas de sudor aparecieron en la frente de Tylon cuando la parte plana de su espadón estuvo a punto de golpearle la cabeza. Todas las mejoras físicas que se había lanzado sobre sí mismo estaban resultando inútiles.
“¡E-es demasiado fuerte!”
Zasp intervino cuando la situación empezó a salirse de control. “¡Retrocede, viejo!”
Zig sabía que en ese momento no podía enfrentarse a otro combatiente más.
“Tsk.” Concentró toda su fuerza en el movimiento, renunció a defenderse y empujó contra el espadón de Tylon, aprovechando el retroceso del impacto para impulsarse hacia atrás.
De repente, otra cosa entró en su campo de visión cuando Zasp pasó por delante de un Tylon que todavía estaba recuperando el equilibrio. Zig soltó un gruñido de sorpresa y giró el cuerpo, encontrándose con el garrote de Elsia envuelto en un resplandor plateado. Sus ropas ondearon mientras descargaba el golpe.
Antes de completar el paso hacia atrás, Zig giró sobre sí mismo y blandió la espada gemela con una sola mano para bloquear el garrote que apuntaba a su torso. Incluso sujetando el arma con una sola mano, su peso y la fuerza de Zig deberían bastar para desviar el ataque.
Calculó terriblemente mal.
El grabado del garrote de Elsia se activó en el instante del impacto, apartando la espada gemela de Zig con un estruendoso *¡CRACK!*.
“¡¿Qué—?!” Zig perdió el equilibrio por la sorpresa del impacto.
Elsia aprovechó la apertura en cuanto la vio. “¡Hah!”
Zig esquivó la sucesión de golpes del garrote, recuperó el equilibrio y contraatacó. Ahora era una pelea entre espada gemela y garrote. Aunque ambas armas tenían muchas diferencias, su estilo de combate era sorprendentemente parecido: desvíos, barridos y golpes.
Aunque el alcance del garrote era igual al de una espada gemela, su menor peso le permitía encadenar muchos más ataques. Normalmente, el peso de la espada gemela y la fuerza bruta de Zig bastaban para aplastar un asalto tan rápido.
De algún modo, esta vez no era así.
¿Es esa magia de antes? Qué onda de choque tan brutal. Estoy acabado si me alcanza un golpe de esos.
Zig debía actuar con cautela. No podía calcular cuál era la potencia máxima de Elsia, y chocar repetidamente contra su arma podía terminar rompiendo su espada gemela. Sabía que aquel ataque de antes necesitaba tiempo para cargarse, pero aparte de eso estaba completamente a oscuras y no disponía de tiempo para analizar la situación.
Los otros dos ya se habían recuperado y se acercaban por su espalda. Tylon levantó amenazadoramente el espadón mientras esperaba una oportunidad, y Zasp volvió a unirse al combate para apoyar a Elsia.
Zig desvió los dos sables de Zasp con uno de sus guanteletes, ya que su espada gemela estaba ocupada conteniendo el garrote. Defenderse de ataques por delante y por detrás era complicado porque Tylon le impedía cambiar de posición.
De repente, la nariz de Zig captó el olor de magia que emanaba de Elsia. Reconoció que era la suya por el aroma, pero no era el mismo que había desprendido el garrote unos instantes antes.
Aquel olor era exactamente el mismo que había percibido cuando impidió que ella utilizara su magia contra él en el pasado. En ambas ocasiones la había frustrado. No sabía qué hechizo era, pero, por la situación actual, todo indicaba que se trataba de un hechizo ofensivo.
Zig tensó todo el cuerpo.
“¡No vas a escapar!”, gritó Zasp mientras intensificaba sus ataques, probablemente para darle tiempo a Elsia de completar su magia. Zig hizo todo lo posible por defenderse de la lluvia de tajos de aquellas hojas danzantes, que se movían arriba y abajo siguiendo un patrón imposible de predecir.
Elsia aprovechó la breve pausa en los movimientos de Zig para canalizar maná hacia su garrote. En cuanto Zig vio que el arma empezaba a brillar, actuó.
Interrumpió la ofensiva de Zasp desviando sus impredecibles ataques con la espada gemela. Después giró medio cuerpo y descargó un golpe con el revés de la mano contra el lado plano de los dos sables de Zasp.
“¡Urgh! ¡Maldito...!”
El impacto llevaba tanta fuerza que Zasp sintió como si una monstruosidad lo hubiera golpeado de lleno. Sus sables no se rompieron gracias a que eran armas de gran calidad y pudo utilizarlos para defenderse. Aun así, el impacto hizo vibrar sus huesos. No fue suficiente para derribarlo, pero sí para obligarlo a retroceder y recuperar el equilibrio.
“¡Espera!”
Tylon atacó desde el lado opuesto y descargó su espadón contra el mercenario justo cuando Zig iba a perseguir a Zasp. El ataque era débil y solo pretendía interrumpirlo, pero fue suficiente para que Zasp recuperara la estabilidad y avanzara de nuevo para atraparlo en un ataque en pinza.
Aquí. Una vez más, Zig percibió el tenue olor de una oportunidad para alzarse con la victoria.
Empujó con la pierna derecha contra la parte plana del espadón que se dirigía hacia él, neutralizando el envite de su oponente y aprovechando el impulso para saltar hacia atrás.
Ahora Zig cargó directamente contra Zasp, justo cuando este se lanzaba sobre él por la espalda, acercándose hasta quedar prácticamente al alcance de la mano.
“¡Hey!”
Zasp se sobresaltó cuando Zig acortó la distancia entre ellos de forma repentina y blandió sus dos sables... demasiado tarde. Zig rechazó el débil tajo con su guantelete, lo agarró del cuello de la ropa y lo lanzó de lleno contra Tylon.
“¡Whoa!”
Tylon seguía en pleno ataque y, además, llevaba un equipo pesado, por lo que no pudo esquivar aquel proyectil humano. Ambos hombres acabaron rodando por el suelo.
La batalla se inclinó claramente a favor de Zig. Elsia ya no estaba en posición de ayudar a sus compañeros caídos, y Zig no pensaba dejar escapar aquella oportunidad.
“Se acabó.”
Sujetó la espada gemela con ambas manos, flexionó las rodillas y se lanzó hacia los dos hombres. Alzó el arma por encima de su cabeza y descargó todo el peso de su fuerza en un golpe destinado a acabar con ellos.
Justo cuando aquella estela azul resplandeciente estaba a punto de arrebatarles la vida, un destello plateado se estrelló contra el pecho de Zig.
“¡Gaaah!”

El destello de plata destrozó su peto y el impulso lo lanzó despedido al otro lado del callejón. Su espada gemela salió volando mientras su enorme cuerpo se estrellaba contra un muro. Una nube de polvo se levantó en el lugar donde había estado un instante antes.
Elsia hizo girar su garrote envuelto en un brillo plateado con expresión relajada. “No bajen la guardia.”
Los otros dos contemplaron la escena en silencio, completamente atónitos, hasta que por fin comprendieron que acababan de escapar de la muerte por un margen ínfimo.
“Nos salvaste... Gracias, líder”, dijo Zasp con sincero agradecimiento. Estaba empapado en sudor frío al recordar que aquella hoja había pasado a escasos centímetros de su cuello.
“Ha sido por un pelo. De no ser por usted, Lady Elsia, ahora seríamos dos manchas en el suelo.”
Los dos se levantaron mientras seguían dándole las gracias.
Elsia apartó con un gesto su plateado cabello y sonrió. “Me alegra que estén bien. Perdón por la armadura.”
“No se preocupe por eso”, respondió Tylon entre risas mientras se daba una palmada en el costado. “Es un precio insignificante comparado con conservar la vida.”
En el costado de su armadura había quedado una marca justo donde el garrote de Elsia se había abierto paso entre él y Zasp. Ella había dirigido el golpe con una precisión milimétrica para que Zig recibiera casi toda la fuerza del impacto, aprovechando que él no lo había visto venir.
Había sido increíblemente difícil ejecutar un ataque tan preciso con sus dos compañeros tendidos en el suelo. Si Elsia hubiera calculado mal la potencia o la precisión, aunque solo hubiera sido un poco, habría acabado con la vida de ambos. Ella volvió a apartarse el cabello con total naturalidad, como si lograr semejante hazaña no hubiera tenido nada de extraordinario.
Finalmente, la nube de polvo se disipó, revelando una grieta en el muro, con Zig desplomado contra él.
“¿Está muerto?”
“No lo creo. Aunque no puedo asegurarlo. No tuve tiempo de contenerme.”
Zasp puso en palabras la pregunta que todos tenían en mente. “¿Quién demonios es ese tipo?”
Las miradas de los tres se dirigieron hacia Elsia, ya que era la única que había tenido contacto con él anteriormente.
“Dice que es un mercenario.” Dijo ella.
“No se parece a ningún mercenario con el que me haya cruzado”, dijo Zasp con amargura.
Tylon asintió. “Pienso lo mismo.”
Elsia desconocía los detalles. Había evitado acercarse deliberadamente a Zig desde que él descubrió su presencia por el olor de su magia.
“He oído hablar de un mercenario que trabaja como guardaespaldas de una aventurera y que está ascendiendo de rango a una velocidad increíble. No imaginaba que fuera tan fuerte.”
“Está loco. Nunca había sentido tanta presión en un combate de tres contra uno. ¡Y eso que los tres somos de Tercera Clase!”
Zasp frunció el ceño al notar que sus sables se atascaban con algo al enfundarlos. Al inspeccionarlos, descubrió que se habían doblado por haber bloqueado el golpe con el revés de Zig. Tylon, por su parte, pasó la mano a lo largo de su espadón para comprobar si se había deformado. Ambos estaban revisando su equipo como si acabaran de enfrentarse a una enorme monstruosidad.
La voz de Elsia los devolvió a la realidad. “Eso nos tomó más tiempo del esperado. Deberíamos darnos prisa.”
“¿Qué hacemos con él?”, preguntó Zasp.
Elsia no estaba segura. Lo correcto sería llevarlo al gremio bajo la sospecha de estar consumiendo drogas, pero antes querían atrapar a la chica.
“Déjenlo. No va a ir a ninguna parte por un buen rato.”
Transportarlo sería una tarea enorme. Informarían de ello al gremio para que alguien fuera a recogerlo más tarde. Ahora que Zig había sido derrotado, podían empezar a perseguir a Katia. Convencidos de que la victoria era suya, avanzaron sin el menor atisbo de duda en sus pasos.
Hasta que Elsia se detuvo en seco y soltó un jadeo de incredulidad.
Lentamente, se dio la vuelta. El vello de la nuca se le erizó mientras un sudor frío le recorría la espalda.
En el callejón no había nadie aparte del mercenario derrotado. Las huellas de la batalla seguían allí, pero no había ninguna otra persona escondida. Sus compañeros la miraron, preguntándose por qué se había detenido.
“¿Qué pasa? Tenemos que darnos prisa si queremos alcanzarla.”
“Zasp, espera. Esto no está bien...” El tono de Elsia era claramente una advertencia mientras se giraba, empuñando su arma y preparándose frente a Zig, que seguía apoyado contra el muro.
“¿Qué quieres decir?”
“¡Aún no termina!” Gritó Elsia de repente, y todo el alivio desapareció de su voz.
Al percibir que algo no iba bien, los otros dos se prepararon para combatir. Aunque no veían nada fuera de lugar, confiaban lo suficiente en ella como para hacerle caso.
El silencio descendió sobre el callejón vacío, pero aun así mantuvieron la guardia alta.
“Y yo que pensé que por un momento te había atrapado.”
Una voz resonó por el lugar; una voz familiar. Era imposible olvidar cómo sonaba el hombre con el que habían estado luchando hacía apenas unos instantes.
Zig se puso lentamente de pie.
“¡No puede ser…!” dijo Zasp. Había visto a Elsia derrotar a muchas monstruosidades con ese mismo ataque que había usado antes. Incluso llevando armadura, ningún ser humano podía recibir un golpe de ese calibre y seguir de pie. Pero la escena que tenía delante acababa de darle la vuelta por completo a esa idea.
De no haber sido por la advertencia de Elsia, le habrían dado la espalda a ese monstruo. Sabían que él no habría dudado en abatirlos. ¿Habrían sobrevivido a una emboscada así? Ni de broma.
Zig había resistido los poderosos golpes de Tylon e incluso había peleado de igual a igual contra la velocidad de los sables de Zasp. Por mucho que intentaran resistir, probablemente uno de ellos terminaría muerto.
Zig caminó hasta donde su espada gemela estaba clavada en el suelo y la recogió.
Miró el lamentable estado de su peto y dejó escapar un suspiro cargado de pesar; los hombros se le hundieron al ver que había quedado completamente inservible. Tendría que tirarlo debido a los enormes daños que había sufrido por el golpe de Elsia. Entonces una mueca de dolor cruzó su rostro, dejando claro que tampoco había salido ileso. Hizo crujir el cuello para destensarlo.
“No lo entiendo,” dijo. “Si ya me habías descubierto, podrías haber actuado antes. ¿Por qué esperar hasta que estuvieran más lejos?”
“Llámalo intuición de último momento,” murmuró Elsia.
Respiró hondo para concentrar su maná y se obligó a mantener la calma. Por muy impactada que estuviera de que Zig siguiera en pie, él no había salido indemne. La lentitud con la que se movía demostraba que aún no se había recuperado del todo. No debería ser capaz de soportar otro golpe de esa magnitud con el equipo tan destrozado.
“Volveré a usar lo mismo contra él,” les dijo a sus compañeros. “Ya saben de lo que soy capaz. Cúbranme.”
La presión que transmitía Zig mientras volvía a prepararse para luchar era demasiado real. Para distraerlo, Tylon tomó la palabra.
“Esas drogas sí que son potentes. No esperaba que pudieras levantarte después de recibir un golpe como ese.”
Zig solo suspiró con exasperación. “Esto no es nada comparado con lo que ellos están usando. Lo suyo es tan potente que sus cuerpos no pueden soportar sus efectos y terminan convirtiéndose en monstruos con regeneración infinita. Lo que yo uso apenas es un estimulante leve en comparación.”
“¡Hah!” Gritó Zasp, en parte para distraer a Zig y en parte para condenar sus acciones. “¡Así que sí las usas! ¡Eso no es fuerza de verdad!”
El joven se enorgullecía de haber ascendido de rango sin depender de sustancias, convencido de que cualquier fuerza obtenida mediante ellas no era auténtica. Aunque Tylon permaneció en silencio, compartía la misma opinión. Sus miradas estaban cargadas de desprecio.
Por primera vez, el tono de Zig estuvo impregnado de sarcasmo. “¿Fuerza de verdad? Qué gracioso.”
Con una sola mano se quitó la capa y, acto seguido, les lanzó una serie de preguntas.
“Entonces, ¿está permitido usar una espada? ¿Y matar a tus enemigos a distancia con arcos o magia? Al fin y al cabo, todas son herramientas que la gente utiliza para hacerse más fuerte. Si algún día existiera un invento que te permitiera matar personas sin mover un solo dedo, ¿seguirías usando tu espada?”
“¿Qué intentas decir?”
“Que solo están a favor de las opciones que les gustan. Espadas, drogas, magia — todas son herramientas desarrolladas por la humanidad para combatir. Las utilizaremos mientras las necesitemos. Enorgullecerse de las herramientas que uno prefiere y negarse a usar cualquier otra es la receta perfecta para morir.”
Zig no había empuñado un arma para convertirse en caballero o guerrero. La necesitaba para luchar, para sobrevivir. La espada simplemente resultó ser la herramienta adecuada para ese propósito, pero pretender tener un duelo inspirador en medio de un campo de batalla era una completa estupidez.
“No tiene nada de malo seguir usando sus espadas, pero tarde o temprano les barrerán los pies si se empeñan en rechazar cada cosa nueva que aparezca.”
Zig estaba, en parte, dándose un sermón a sí mismo. Hacía muy poco que había descubierto el verdadero terror de la magia. Le avergonzaba lo poco preparado que había estado para enfrentarse a magos. Ahora tenía la obligación de aprender sobre la magia, aunque él mismo no pudiera usarla.
Mírame, dando sermones. Zig echó un vistazo a sus heridas con una sonrisa cargada de ironía. La droga que había consumido empezaba a hacer efecto, adormeciendo el dolor que recorría su cuerpo. Su respiración se volvió más pesada, obligándolo a concentrarse en ella de forma consciente. Respiró hondo para apaciguar la furia del combate que crecía en lo más profundo de su estómago.
Mente fría, cuerpo ardiente.
No podía permitirse perder el control ni siquiera en pleno combate. Ese era uno de los principios fundamentales del combate con potenciadores químicos. Su maestro se lo había grabado a fuego en la cabeza hasta el punto de hartarlo. Un error al calcular los propios límites destrozaría su cuerpo y lo volvería inútil. Los mercenarios eran prescindibles, sí, pero sólo para sus clientes. El propio mercenario solo tenía una única vida.
Mente y cuerpo. Aprovecha bien ambos.
Eso fue lo que le dijeron cuando blandió una espada por primera vez de forma descontrolada. En aquel entonces no tenía ni idea de qué demonios tenía que ver aquello con el trabajo.
Una tenue sonrisa apareció en su rostro al recordar aquellos viejos tiempos. Apenas un fugaz instante de nostalgia.
“En fin, ya les he dado suficiente tiempo. Yo también estoy listo.”
Llevaba un buen rato percibiendo el olor de una magia extraordinariamente poderosa. Iban a usar su carta de triunfo.
Elsia dio un paso al frente, colocándose delante de sus compañeros.
“Has sido bastante sincero con nosotros hasta ahora.”
Zig entrecerró los ojos al verla.
“¿Así que esa es tu carta de triunfo?”
El cabello plateado de Elsia se balanceó mientras avanzaba, y el aura que desprendía era muchísimo más imponente que antes. Ya no llevaba la venda sobre los ojos, dejando su rostro completamente al descubierto. Era tan elegante y hermoso como Zig había imaginado.
Pero sus ojos... sus ojos eran otra cosa. Donde debería haber blanco había un intenso color carmesí, y sus pupilas eran verticales, como las de un reptil. Eran de un negro que iba más allá de la propia oscuridad. Parecían capaces de atravesar cualquier cosa que contemplaran, con una fuerza suficiente para hacer caer inconsciente a un hombre con la más inocente de las miradas. Todo indicaba que aquellos ojos eran la fuente de su inmensa reserva de maná.

“Tienes unos ojos interesantes,” comentó Zig.
“¿Eso es todo? No hace falta que seas tan reservado con tus impresiones.”
“No estoy seguro de qué más decir. ¿Eres una semihumana?”
“No. Soy humana, simple y llanamente. Salvo por los ojos.”
“Ya veo. No tengo más preguntas.”
“Vaya, qué educado de tu parte. Entonces... comencemos.”
Ya no quedaba lugar para seguir hablando. Ambos combatientes adoptaron sus posiciones y se midieron mutuamente. Cuando se movieron, lo hicieron al mismo tiempo.
Zig desapareció envuelto en una nube de polvo, mientras Elsia daba un paso hacia atrás y lanzaba su garrote hacia arriba y a la derecha. Había visto venir el movimiento que antes había derribado a Zasp y Tylon.
La espada gemela de Zig chocó contra el garrote de Elsia. El grabado del arma plateada compensó la diferencia de peso, pero esta vez no fue suficiente para desviar la espada gemela. Su velocidad, fuerza y técnica neutralizaron la onda de choque del garrote plateado.
Zig y Elsia se miraron fijamente a través de la línea trazada por sus armas enfrentadas. Los ojos negros y carmesí de ella se abrieron de par en par por la sorpresa al presenciar la ferocidad de sus ataques. No había forma de que pudiera ganar ese pulso de fuerza una vez que perdiera el impulso.
Retiró rápidamente su garrote y lo lanzó hacia la rodilla izquierda de Zig. Mientras intentaba destrozarle la rótula, giró el cuerpo y ejecutó un barrido lateral para quitarle el apoyo del pie derecho. Acto seguido, dio un salto hacia atrás y levantó el garrote para defenderse, solo para que el extremo de la espada gemela chocara contra él. Sintió que Zig intentaba arrastrarla usando su arma, pero logró resistir.
Como resultado de ese intercambio, ambos terminaron intercambiando posiciones. Zasp lanzó una cuchilla de viento y se abalanzó sobre Zig, mientras que Tylon, improvisando una medida defensiva, cubrió su costado izquierdo con roca antes de cargar con su espadón. Zig esquivó la invisible cuchilla de viento como si pudiera percibirla y, acto seguido, su arma chocó contra los sables de Zasp.
Bloqueó el primer tajo, desvió el segundo con el mango de la espada gemela y luego derribó a Zasp con una barrida de pierna. Después, detuvo el barrido lateral del espadón de Tylon usando el plano de su hoja y lanzó un corte descendente dirigido a la parte posterior de sus rodillas.
Tylon entró en pánico y retiró el espadón para defenderse, pero el ataque de Zig era una finta. Cambió la trayectoria, clavó la espada gemela en el suelo y la utilizó como punto de apoyo para lanzar una poderosa patada giratoria que atravesó la defensa de Tylon.
“¡Guwah!”
El enorme cuerpo de Tylon salió despedido hacia delante.
“¡Mierda!”
El ágil Zasp esquivó el proyectil humano, decidido a no repetir el mismo error de antes. Por fortuna, Tylon salió casi ileso del golpe gracias a la roca que lo protegía y a su armadura.
Mientras Tylon seguía volando por los aires, Elsia lanzó una estocada de una precisión aterradora dirigida al cuello de Zig. Él desvió el garrote con su guantelete en el último instante y blandió la espada gemela con una sola mano. Igual que había hecho él antes, Elsia rechazó el ataque con un movimiento mínimo, desviando la hoja hacia arriba. Justo cuando estaba a punto de contraatacar el costado de Zig, retiró el garrote.
El uppercut de Zig no golpeó más que el aire.
Ese era un punto ciego. ¿Leyó mis movimientos? Sus ojos eran el principal sospechoso. La magia que los envolvía seguía activa, pero Zig no tenía idea de cuál era su efecto. No me digas que de verdad puede leerme la mente...
Fuera cual fuese la respuesta, era peligrosa. Cuanto más se prolongara el combate, mayor sería su desventaja. Mientras Zig reajustaba el agarre de su espada gemela, Elsia clavó en él aquellos ojos de brillo antinatural.
Varios destellos azules surcaron el aire.
El físico potenciado de Zig era asombroso. No solo era capaz de plantar cara a los ataques de tres oponentes al mismo tiempo, sino que contraatacaba de inmediato en cuanto detectaba la más mínima abertura. Si Elsia no hubiera percibido cada una de esas oportunidades y desviado la espada gemela, ya habría perdido la cabeza varias veces.
El sudor corría por la frente de Tylon y Zasp mientras comprendían el inmenso poder de su adversario. Cada golpe que lanzaba podía ser letal. El estruendo de su hoja impactando contra sus armaduras parecía capaz de atravesar incluso sus hechizos defensivos. Aunque concentraran todo su maná en protegerse, apenas lograrían sobrevivir a un solo golpe.
Eso era todo lo que podían hacer. Una vez agotaran su maná, ya no tendrían fuerzas para seguir luchando.
¡Monstruo!
Su enemigo no mostraba el menor signo de desacelerar pese a la violencia de todos sus movimientos.
Al poco tiempo, ambos hombres agotaron tanto su maná como su resistencia física. No les quedó más remedio que retroceder y observar con temor, incapaces siquiera de volver a blandir sus armas.
La situación era mala.
Era la cuarta vez que Elsia bloqueaba un ataque de Zig. Se había quitado la venda de los ojos y ahora leía todos sus movimientos como si fueran un libro abierto.
Había respondido a todas sus fintas sorpresivas y a todos sus ataques basados en fuerza bruta.
En medio del combate, Zig lanzó una moneda hacia los ojos de Elsia desde un punto ciego.
“¡¿Qué?!” Elsia la esquivó. “¡Hah!”
Zig hirvió de frustración por dentro.
Otra vez.
Esta vez, su mano izquierda permanecía oculta detrás de la espada gemela, pero ella la desvió con facilidad. Al menos la moneda de adamantita índigo dispersó el maná que había concentrado.
Ella no había estado leyendo todos sus movimientos desde el principio. Si así hubiera sido, él habría sido derrotado hacía mucho. Tras ponerla a prueba varias veces, Zig comprendió que reaccionaba justo en el instante en que él se comprometía con un movimiento. Por la ligera vacilación que mostraba, no parecía que estuviera leyendo su mente, como había pensado al principio. No eran sus ojos. Era su intuición.
¿Qué estás haciendo? se dijo a sí mismo.
Su cuerpo se sentía extraño desde que bloqueó la fuerza del barrido lateral del espadón de Tylon. Por mucho que el estimulante estuviera ocultando el dolor, la realidad de sus heridas seguía ahí. No podría ejecutar los movimientos que quería si ella seguía anticipándolos.
Supongo que tendré que volverme un poco más agresivo.
✦✦✦
La situación se había descontrolado por completo para cuando Katia llegó al lugar junto con sus subordinados. La información filtrada desde la organización ya había llegado a manos de sus enemigos.
Sin embargo, lo habían filtrado a propósito — incluyendo hasta la hora y la fecha.
Había sido Vanno quien sugirió que tenían un topo dentro de la organización. Siguiendo sus indicaciones, pusieron en marcha un plan para sacarlo a la luz, pero jamás imaginaron que lo encontrarían tan pronto.
“Buenas tardes. Aunque supongo que todavía es un poco pronto para decir eso. Pareces ocupado, Elio. ¿Te ibas a alguna parte? Aunque, pensándolo bien... ¿qué hacen aquí?”
Vanno sonreía con sus hombres detrás de él. A pesar del tono desenfadado con el que hablaba, el ambiente que lo rodeaba era opresivo.
“Vanno... ¿Cuándo lo descubriste?”
El infiltrado, Elio, le lanzó una mirada cargada de odio, pero Vanno solo se rascó la cabeza con expresión avergonzada.
“La verdad es que no lo hice. Pero que atacaran a la Señorita justo después de salir... me hizo pensar que estaban mucho más cerca de lo que esperaba. Así que, ¿qué hacen todos ustedes aquí?”
El sudor corría por la frente de un hombre que parecía ser uno de los ejecutivos de Aggretia. Se aclaró la garganta antes de hablar. “¡Caballeros! Últimamente las cosas están muy peligrosas, ¿saben? Pensamos que sería buena idea buscar un lugar seguro donde quedarnos.”
“Eso no puede ser,” respondió Vanno. “Se supone que ustedes son los que mantienen la paz en el bajo mundo. Les diré una cosa: ¿por qué no vienen con nosotros un rato? Hay algunas cosas que queremos preguntarles.”
El miembro de Aggretia se tensó cuando Vanno empezó a acercarse. “¿Estás seguro de eso? Si se meten con nosotros, ninguno de ustedes saldrá de aquí de una pieza. Nuestra unidad está bien cargada de droga, y además vienen más refuerzos desde la base.”
Aunque los Bazarta los superaban en número, los miembros de Aggretia seguían potenciados —enloquecidos— por las drogas. La situación podía invertirse con facilidad. Aunque Aggretia sufriría muchas bajas, probablemente ya contaban con ello. Sus hombres eran considerados prescindibles. Los drogadictos no necesitaban un largo entrenamiento cuando su única misión era ganar tiempo para que los altos mandos escaparan.
“La base, la base... Jeh.” Vanno soltó una risita ante la amenaza.
“¿Qué tiene de gracioso?”
“No somos idiotas, ¿sabes?” respondió Vanno. “Llamamos a un especialista porque sabíamos que íbamos a tener que lidiar con unas cuantas plagas. Vamos a exterminarlos hasta el último de ustedes.”
Los miembros de Aggretia se alteraron al oír el insulto, pero Vanno los ignoró por completo y esbozó una sonrisa sucia. Adoptando una pose exageradamente teatral, alzó la voz. “Siempre quise verlo con mis propios ojos. ¡Maestra, si hace el favor!”
Con eso, sus destinos quedaron sellados.
Una mujer respondió a su llamado. “Oye, ¿a quién llamas 'Maestra'?”
Las filas de los Bazartas se abrieron para revelarla de pie, sola, al final de la calle. Su haori tradicional se mecía con el viento. Aunque era elaborado, no parecía dificultar sus movimientos. Se veía ágil, aunque no necesariamente rápida. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los miembros de la banda fue su cabello blanco y sus elegantes facciones.
La mujer llevaba una espada delgada, parecida a un estoque, envainada en la cintura. Un hombre de rasgos similares emergió detrás de ella y se colocó frente a los Aggretia.
“¿Y ustedes quiénes son?”, preguntó uno de ellos. “Espera. Esas orejas... Inmigrantes.”
Cuando el hombre notó las orejas de la mujer de extraña vestimenta, su expresión cautelosa se transformó en una sonrisa burlona.
“¡Vaya, vaya, vaya! ¡Esto sí que es nuevo!”, gritó. “¿La mafia de esta ciudad necesita ayuda de inmigrantes, eh? Dan pena.” Luego se volvió hacia la mujer. “Lo mismo va para ustedes. No hace falta ser muy listo para saber cómo trata la mafia a los de tu gente. ¿Y aun así vas a ayudarlos?”
Sus subordinados se unieron a las carcajadas. Pero las personas de las que se estaban burlando no se inmutaron.
“No hace falta que me lo digas dos veces”, respondió la mujer. “Lo pensé mucho. Al final, simplemente no podemos salir adelante por nuestra cuenta. Usaremos lo que sea y a quien sea necesario para sobrevivir. Incluso a la mafia.”
“Cuando las circunstancias cambian, la posición de uno también cambia”, dijo Vanno. “También ha llegado el momento de que la mafia cambie. Eso es todo. Si sigues aferrándote a tus creencias anticuadas, tarde o temprano te van a barrer los pies, señor Aggretia.”
“Hablan mucho para ser los que regulan las drogas por culpa de sus creencias anticuadas.”
“No vamos a desecharlo todo solo porque sea viejo. Respetaremos nuestras tradiciones mientras sigan siendo necesarias. De verdad son una bola de cucarachas si ni siquiera pueden entender eso.”
La sonrisa desapareció del rostro del hombre. Ahora que comprendía que el conflicto era inevitable, sabía exactamente qué hacer. “¿Sí? Entonces ya es hora de que mueran.”
A su señal, sus subordinados se inyectaron las drogas. Poco después, aullaron de placer, desenvainaron sus armas y se lanzaron contra sus enemigos como animales salvajes.
La mujer de cabello blanco, Isana, desenvainó su espada en silencio. Su hoja brilló con un destello eléctrico. Aun así, los lunáticos que se acercaban a ella no mostraban el menor rastro de miedo en sus ojos.
✦✦✦
Algo se acercaba.
Los ojos de Elsia se activaron automáticamente en respuesta a su intuición, algo que ella no podía controlar del todo. Tenían la capacidad de ver el futuro inmediato, pero mantenerlos activos constantemente hacía muy difícil llevar una vida normal. Esa era una de las razones por las que llevaba una venda selladora especial sobre los ojos. Aunque estaban sellados, sus confiables, aunque temibles, ojos no tenían problemas para ver a través de la tela, lo que le permitía desenvolverse sin dificultades en la mayoría de los combates comunes.
Lo que sus ojos sin restricciones le mostraron esta vez le recorrió el cuerpo con un escalofrío de terror.
“¡Zasp!”, gritó mientras se lanzaba contra su oponente para detenerlo. Aunque sabía que algo iba a ocurrir, no tenía tiempo para explicar cómo sucedería.
Zig le dio la espalda, y ella intentó detener su movimiento balanceando su garrote plateado contra él.
Él no le prestó la menor atención y fue directo hacia Zasp. La estocada de su garrote impactó en la espalda de Zig, pero como no había tenido tiempo de cargar su magia y Zig se estaba alejando de ella, el golpe fue insignificante.
Zig soportó el dolor, esquivó una lanza de roca que venía desde un costado y siguió acortando la distancia con Zasp.
“¡Maldita sea!”
Zasp imbuyó sus sables con viento y lanzó un tajo, sabiendo que no podía permitir que Zig se acercara más.
Su sable chocó contra la espada gemela, pero Zig ya estaba demasiado cerca. El ataque apenas consiguió abrir un corte superficial en su cuerpo. La sangre salió despedida de la herida debido al encantamiento de viento, pero eso no hizo nada para frenar a Zig. Finalmente, quedó cara a cara con Zasp.
Zig no iba a dejar escapar aquella oportunidad. En lugar de preparar su espada gemela, alistó los puños.
Pisó el pie de Zasp cuando este intentó retroceder y le asestó un poderoso gancho de derecha en la mandíbula.
Zasp levantó los brazos y desplegó una barrera mágica en un intento de defenderse, pero fue como si un mazo hubiera golpeado su cuerpo de todos modos.
“¡Gah!”
Apretó los dientes, haciendo todo lo posible por no perder el conocimiento. Mantuvo su defensa, confiando en que sus compañeros acabarían con Zig mientras él lo mantenía ocupado. Se preparó para el siguiente golpe dirigido a su costado izquierdo.
“¡No! ¡Apártate!”
La advertencia de Elsia llegó demasiado tarde.
“¿Huh?”
El guante de batalla de Zig se activó con un clic. La onda de choque resultante atravesó la barrera de Zasp de un puñetazo y lo lanzó por los aires. No solo escuchó cómo se rompían sus brazos: sintió cada crujido mientras su cuerpo se doblaba por el impacto.
Él es... tan fuerte...
A pesar de todo, sentía cierta admiración y envidia por su oponente. Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue a sus compañeros lanzándose desesperadamente contra aquel hombre corpulento.
Uno menos, pensó Zig.
Las defensas del enemigo habían resultado ser más resistentes de lo que esperaba, impidiéndole matarlo de un solo golpe, aunque quedaría fuera de combate por un buen rato. Esperando el retroceso, se frotó las manos tras el impacto.
“¡Maldito!”
Zig levantó su espada gemela de una patada para bloquear la gran espada que se acercaba.
“¡Ugh!”
Sus pies dejaron un cráter en el suelo mientras resistía el poderoso golpe.
Otra persona se unió al combate.
“¡Yah!”
El ataque descendente hizo que Zig guardara silencio. Apenas logró apartar la cabeza a tiempo cuando el golpe fue directo a su mandíbula. Sosteniendo la espada gemela frente a él, escuchó el peligroso silbido del aire al ser cortado.
Después de bloquear la gran espada, el garrote volvió a dirigirse directamente hacia él. Su magia se activó, aumentando la fuerza de la onda de choque. Por resistente que fuera la espada gemela de Escarabajo Azul, tenía sus límites. Solo pudo soportar aquella fuerza opuesta durante un instante.
Un agudo chirrido resonó cuando la espada gemela se fracturó justo en la mitad del mango.
“¡Urgh!” Su arma rota hizo que Zig tropezara y perdiera el equilibrio.
La gran espada ya estaba sobre él. Saltó inmediatamente hacia atrás, pero sabía que no conseguiría alejarse a tiempo. La punta de la enorme hoja le abrió un largo corte a lo largo del costado.
“¡Se acabó para ti!”
“¡Qué confiado!” Zig utilizó la espada gemela con una sola mano para mantener a raya a Tylon.
Además de la herida sangrante en el costado, el golpe contundente que había recibido en el pecho le había dejado sin aire. Incluso Zig era incapaz de recuperar el aliento en una situación como aquella. Tenía que terminar el combate cuanto antes.
Se balanceó para esquivar un tajo letal de Tylon y desvió el corte descendente que le siguió, manteniéndose firme.
Cuando la gran espada describió un arco hacia su cuello, Zig la bloqueó con sus guanteletes y la desvió. La punta de aquella pesada arma cayó hacia el suelo, dejando a Tylon incapaz de levantarla con una sola mano.
Zig saltó por encima de la gran espada mientras esquivaba otro golpe del garrote y lanzó dos cortes al brazo de Tylon con las hojas rotas de su espada gemela, que ahora empuñaba como si fueran dagas. El ataque fue efectivo, pues apuntó a los codos de Tylon, las partes desprotegidas de su armadura.
La mala posición de Zig redujo la potencia del golpe, aunque fue suficiente para hacer que Tylon se estremeciera. Tras esquivar de otro salto el resplandeciente garrote plateado, Zig lanzó una de sus hojas contra Elsia y aterrizó detrás de Tylon.
“¡Tylon!”, gritó Elsia, pero Tylon no pudo reaccionar a tiempo.
Con las espaldas casi pegadas, Zig tomó la hoja que le quedaba y la hundió en el costado de Tylon usando todo el peso de su cuerpo.
Si hubiera utilizado su maná para activar por completo sus mejoras defensivas, habría podido resistir el ataque gracias a su pesada armadura y a la falta de impulso de Zig... de no ser porque su armadura ya estaba dañada.
La espada gemela rota de Zig encontró el camino hacia la grieta de su armadura, una grieta que la propia Elsia había dejado allí. La sangre carmesí resbaló por la hoja azul mientras Zig la retiraba lentamente.
“Ugh... Perdóneme, Lady Elsia... Debe huir...”
“¡¿Tylon?!”
Elsia observó cómo Tylon caía de rodillas, escupiendo sangre por la boca, con una profunda herida abierta en el costado.
Uno más.
Elsia recorrió rápidamente los alrededores con la mirada. La situación era terrible, pero su experiencia como aventurera de élite la ayudó a mantener la calma.
Zasp está inconsciente, pero no tiene heridas mortales. Tylon se está desangrando. No podrá curarse por completo solo con su propia magia. Tenemos que llevarlo a un médico cuanto antes.
Sin embargo, no podía imaginar que el hombre frente a ella fuera tan generoso. Había estado atacando a Tylon para hacer que bajara la guardia.
La gravedad de la herida de Tylon podría haber sido deliberada. Si hubiera querido, podría haber retorcido su espada y matarlo. Había tenido tiempo de sobra para hacerlo.
Por profundas que fueran las heridas de Tylon, seguían siendo tratables, convirtiéndolo en una carga para ella y reduciendo de manera efectiva sus capacidades de combate. Era una táctica muy eficaz.
¿Ese fue su plan desde el principio? Qué astuto.
Gotas de sudor comenzaron a formarse en la frente de Elsia. Cuanto más analizaba la situación, más se daba cuenta de lo limitadas que eran sus opciones. Abandonar a sus compañeros y escapar parecía ser la mejor alternativa, pero si pudiera hacer algo así, no estaría en semejante aprieto.
Tras sopesar varios escenarios en su cabeza, Elsia habló.
“Eres bastante bueno. No pensé que de verdad llegaríamos a esto. ¿Cómo terminó alguien como tú trabajando para la mafia?”
“Estás ganando tiempo. Bastante atrevido para alguien cuyos compañeros están fuera de combate. ¿Vienen refuerzos?”
La piel de Elsia se erizó ante la respuesta impasible de Zig. Había visto a través de su maniobra con demasiada facilidad. La diferencia en experiencia de combate entre ambos era evidente. Eso hizo que se preguntara si el hombre que tenía enfrente poseía los mismos ojos que ella.
Zig entrecerró los ojos y dijo: “Te dejaré ganar tiempo si respondes mis preguntas.”
“¿Qué?” Elsia no pudo ocultar su sorpresa ante aquella oferta inesperada. Él la observaba con un gran interés en lugar de intentar matarla sin más.
Su mirada permanecía fija en la de ella. “¿Qué pasa con esos ojos?”
Una pregunta directa.
Parecía listo para lanzarse sobre ella si percibía que estaba poniendo excusas para seguir ganando tiempo. No era un tema del que quisiera hablar, pero necesitaba todo el tiempo que pudiera conseguir.
No había margen para dudar. La más mínima vacilación y ese hombre la atacaría.
“Se llaman 'Ojos de Dragón’. Nadie sabe exactamente cómo aparecen ni cómo se heredan. Quienes los poseen son extremadamente raros, y lo único que tienen en común es que todos cuentan con enormes reservas de maná.”
“Uh-huh.” Zig escuchó e hizo un gesto para que continuara.
Elsia explicó todos los detalles que se le ocurrieron con tal de seguir ganando tiempo. “Al parecer solo aparecen en humanos. No existen registros de semihumanos o mestizos que los posean.”
“Ve al grano. ¿Qué es lo que ven?”
Zig vio de inmediato el intento de Elsia por enterrarlo en datos irrelevantes. Ella dudó en responder, pero cuando la mirada de Zig se desvió hacia sus compañeros, continuó rápidamente.
“Pueden ver el futuro inmediato. Aunque no tengo control sobre ello. Estoy obligada a verlo.”
“¿No puedes controlarlo?”
“Así es. Llevo una venda para suprimirlos. Aun así, de vez en cuando vuelven a activarse.”
“Entiendo. Entonces, ese era el hechizo que intentaste usar contra mí aquella vez.”
Zig parecía satisfecho con la explicación. Por mucho que ella quisiera saber cómo se había dado cuenta, Elsia no estaba en posición de hacer preguntas.
¿Dónde están? Tienen que llegar antes de que este hombre cambie de opinión...
Tylon estaba curándose a sí mismo, aunque su rostro seguía pálido. Aún pasaría un tiempo antes de que pudiera volver a moverse. No había forma de que Zig no se hubiera dado cuenta de eso.
“Así fue como detectaste mi emboscada y leíste todos mis movimientos”, murmuró él. “¿Qué más pueden ver?”
“¿Qué más...?”, preguntó Elsia.
“No te hagas la tonta. Esa venda es excesiva si lo único de lo que tienes que preocuparte es del futuro inmediato. ¿No me digas que te persiguen solo por tener unos ojos de un color extraño?”
La gente podía sentir miedo de esos ojos de colores tan inusuales. En este continente existían los Scalefolk como Urbas, además de otros semihumanos; Zig no creía que hubiera mucha diferencia entre sus ojos reptilianos y los ojos de dragón de Elsia.
Elsia guardó silencio mientras su rostro se contraía con resentimiento. Parecía que él había dado en el blanco.
Era evidente que no era un tema del que hablara normalmente. Sus ojos eran extraños, pero además tampoco le gustaba revelar sus cartas ocultas. Sin embargo, a Zig le bastaba con amenazar a sus amigos para obligarla a compartir sus secretos.
“Se dice... que pueden leer la mente.”
“¿Y tú dices que no pueden?”
“Es difícil de explicar, pero... Bueno...”
Elsia levantó el rostro para encontrarse con la mirada de Zig. Él percibió la presencia de maná, pero no hizo ningún movimiento para defenderse. La luz en aquellos ojos cautivadores parecía atravesarlo por completo.
“Te interesan estos ojos y estás preocupado por tu cliente. Al parecer, eres bastante sincero. Pero el pensamiento más fuerte de todos... es una mujer de cabello negro.”
Las cejas de Zig se fruncieron al oír esas palabras. Instintivamente, se volvió más cauteloso, hizo girar una de las hojas rotas y la pasó a la otra mano, bajándola a una posición defensiva.
“Eso es todo”, dijo Elsia. “Pueden ver en qué está pensando la otra persona en ese momento. No puedo leer tu mente.”
“¿Y tampoco puedes ver ninguno de sus secretos?”
Porque si pudiera... si la identidad de Siasha quedaba al descubierto, y alguien quisiera hacerle daño...
Zig respiró hondo varias veces, casi sobrepasado por la magnitud de aquella posible catástrofe.
No pasa nada. Puedo matarla en cualquier momento.
Manteniendo a Elsia a distancia con la hoja, esperó a que continuara.
“Supongamos que un comerciante cometió fraude y ocultó un libro de cuentas”, prosiguió ella. “La raíz de esos pensamientos sería el dinero. Yo solo podría ver dinero. Por eso, lo único que puedo ver ahora mismo en tu cabeza son mis ojos, la chica de la mafia y la mujer de cabello negro.”
Zig no apartó la vista de su oponente. “Hmm.”
Nunca había tenido buen ojo para detectar mentiras, así que no podía saber si estaba diciendo la verdad. Si hubiera descubierto que Siasha provenía de otro continente, probablemente habría reaccionado de alguna manera al enterarse.
A Zig no le habría importado matar a Elsia si solo fuera una aventurera cualquiera, pero era una aventurera de Tercera Clase. Inferior a Isana, que era de Segunda Clase, pero aun así pertenecía a la élite. No quería matarla si podía evitarlo.
¡Qué desastre!
Contuvo el impulso de soltar un sonido de fastidio y siguió observando a Elsia. No había nada extraño en su comportamiento; seguía buscando una oportunidad para rescatar a sus compañeros.
No está mintiendo, pensó. Al menos... probablemente no.
Mientras Zig sopesaba los riesgos de matar a una aventurera de Tercera Clase, la situación cambió.
“Supongo que se acabó el tiempo”, dijo Zig.
Justo cuando Elsia iba a responder, sus ojos de dragón le mostraron el futuro.
“¿Eh? ¡Espera!” Se movió de inmediato, sin tiempo siquiera para sorprenderse por lo que había visto.
Zig lanzó la hoja que le quedaba hacia Tylon y echó a correr. Elsia salió tras él y la desvió con su garrote.
En ese instante, Zig lanzó una patada giratoria hacia su cabeza. Elsia se agachó y la patada, capaz de romperle el cuello, apenas rozó su cabello plateado, pero Zig no tenía intención de detenerse. Girando sobre la otra pierna, lanzó otra patada giratoria. Elsia levantó su garrote y apenas logró bloquear el ataque lateral.
“¡Gah!”
Salió despedida, incapaz de soportar semejante fuerza únicamente con su fuerza física. La magia de sus ropas se activó para neutralizar el impacto, pero el peso de aquella patada la dejó atónita.
¡Sus capacidades de combate son absurdas, incluso estando desarmado!
“¡Pero tú sigues sin armas!”
Ella clavó el garrote hacia la mandíbula de Zig. Por muy experto que fuera en artes marciales, su alcance era lamentable sin un arma. Elsia estaba fuera de su alcance y el garrote iba directo a su objetivo... si es que Zig hubiera estado apuntando a ella.
“¡Piensa más allá de lo obvio!”
“¡¿Qué?!”
Zig se detuvo en seco y giró para esquivar el garrote. Mientras daba la vuelta, lanzó una patada giratoria invertida. Sujetando el garrote con la parte trasera de la rodilla, bajó la otra pierna para arrebatárselo de las manos a Elsia.
Por supuesto, ella se resistió, pero jamás podría imponerse a alguien como él, y sus brazos no eran rival para las piernas de Zig.
Zig hizo girar entre sus manos el garrote recién requisado.
“Siempre me han gustado las armas de asta.”
Apretó la mano alrededor del arma para comprobar qué se sentía al sostenerla.
Su ligereza le preocupaba un poco, pero era la misma arma que había chocado de frente contra su espada gemela. Debería ser lo bastante resistente incluso sin usar magia.
“¡Ugh!”
Elsia perdió la compostura en el momento en que Zig le arrebató el arma. Sabía que la golpearía hasta matarla. Aunque seguía queriendo salvar de alguna forma a sus compañeros, no veía ninguna salida a aquella situación.
Zig sonrió al ver el pánico de Elsia.
“No pongas esa cara,” dijo. “Tu distracción dio resultado.”
Elsia oyó varias pisadas acercándose hacia ellos. Todavía estaban algo lejos, pero el sonido del metal rozando contra el metal indicaba que iban armados.
¡Llegaron!
Sintió una oleada de alivio al saber que por fin habían llegado los refuerzos. Entonces recordó que tenía los ojos expuestos y giró rápidamente la cabeza para buscar su venda. Sin embargo, el combate había sido tan intenso que no lograba encontrarla.
¡Ugh! ¡No debí quitármela solo para verme genial!
El tan familiar garrote plateado apareció frente a sus ojos. “¿Buscas esto?”
En la punta del arma estaba su venda.
“G-gracias...”
Sobresaltada, la tomó, le sacudió el polvo y volvió a colocársela. Por el rabillo del ojo vio a Zig darse la vuelta para huir.
Elsia le gritó: “¡Oye, vuelve aquí!”
“Lo siento, pero de alguna forma tenías que pagar por romper mi arma. Solo agradece que te perdoné la vida.”
Antes de que Elsia pudiera replicar, Zig salió corriendo con el garrote plateado en la mano.
Varios rayos de luz salieron disparados hacia su espalda: flechas potenciadas con magia. Apuntaron a su objetivo en un abrir y cerrar de ojos.
Zig saltó justo antes de que los proyectiles lo alcanzaran. Se impulsó desde el suelo hasta las paredes, evitando la trayectoria de las flechas al ascender.
La arquera era formidable. Deslizándose hasta quedar de rodillas, disparó contra Zig mientras aún estaba suspendido en el aire. Más flechas envueltas en un resplandor inquietante volaron hacia él. Incapaz de esquivarlas, hizo girar el garrote para derribarlas. El garrote plateado y las flechas chocaron, iluminando todo el callejón.
En medio de aquel destello, las miradas de Zig y la arquera se cruzaron.
Él alcanzó a notar su sorpresa al aterrizar, pero mantuvo la velocidad y abandonó el lugar.
La arquera no salió tras él.
✦✦✦
Elsia observó cómo Zig desaparecía a lo lejos, sin darse cuenta de que las personas que lo habían obligado a retirarse ya estaban acercándose.
“¡Elsia! ¿Estás bien?!”
Alan y su grupo. Rodearon a Elsia mientras vigilaban atentamente los alrededores. Listy y Malt, los especialistas en magia del grupo, fueron a atender a los demás.
“¿Puedes mantenerte de pie?”
“Estoy bien. Ayuden a Tylon y a Zasp.”
Aunque parecía completamente agotada, Elsia no presentaba heridas visibles. Se tambaleaba ligeramente, pero Alan pensó que debía de estar bien si todavía podía sostenerse por sí sola.
“De acuerdo. Lyle, te encargo lo de allá.”
“Entendido.”
Después de asegurarse de que no hubiera enemigos cerca, Lyle fue a inspeccionar las heridas de Tylon. La herida de su costado era profunda. Pasaría un buen rato antes de que cerrara y pudiera volver a moverse. Aún no estaban fuera de peligro, ya que no sabía con certeza si la amenaza había desaparecido de verdad.
Lyle y Malt ayudaron a Tylon a ponerse de pie.
“Listy, adelántate”, dijo Lyle.
“Lo haré”, dijo ella.
La voz de Lyle sonaba mucho más rígida de lo habitual, y la escena lo tenía empapado en sudor. Esto es una locura. Nunca había oído que un grupo de aventureros de Tercera Clase acabara tan destrozado.
Habían aceptado aquella solicitud de investigación porque ofrecía poco riesgo para la reputación que podían ganar. Ahora había varios aventureros de Tercera Clase tirados en el suelo, y Lyle ya no estaba seguro de que tuvieran algo que hacer allí. Desde luego, jamás había oído que la mafia fuera tan poderosa. Habría tenido más sentido si hubieran sido superados en número, pero las huellas del combate demostraban que habían participado muy pocos combatientes.
“Supongo que pensaron que solo eran pandilleros, aunque estuvieran dopados...”
Tendrían que reevaluar los riesgos de ese trabajo. En el peor de los casos, tendrían que abandonar la solicitud y arriesgarse a un descenso de rango. Renunciar justo después de un ascenso era una pena, pero no valía la pena perder la vida por ello.
“Joder no puede ser...”
Incapaz de contener las ganas de maldecir, Lyle dirigió la mirada hacia los demás. Listy parecía estar sumida en sus pensamientos. Seguía alerta, algo que no encajaba con su comportamiento habitual.
“¿Qué pasa, Listy?”
Listy negó con la cabeza y comenzó a caminar. “Nada. Te lo cuento después.”
A Lyle le pareció extraño, pero tenía razón. Primero debían salir de allí.
Alan y los demás se marcharon con más preguntas que respuestas.
