Goblin Slayer Vol. 5 capítulo 4
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Goblin Slayer volumen 5 capítulo 4 en español

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—Esa es su pequeña guarida.
El frío estaba cortando, pero no hizo nada para
atenuar la belleza de la joven. Parecía la hija de la nobleza, como alguien que
habría estado más a gusto en un elegante salón de baile que bajo los cielos
grises de las montañas del norte.
Su cabello ondulado y de color miel estaba atado en
dos coletas, y sus rasgos tenían un aspecto orgulloso. El tamaño de su busto
era obvio a pesar del peto que llevaba, su cintura era tan estrecha que no
necesitaba un corsé.
El estoque que colgaba de su cadera era de una
fabricación llamativa; la forma en que exigía admiración daba la misma
impresión que su ama.
En el cuello de la chica colgaba una placa nueva
mostrando el rango Porcelana, que atrapaba el sol que brillaba en la nieve.
Era una aventurera, y ella y sus cuatro compañeros
habían pasado varios días subiendo por la ladera de esta montaña nevada. Ahora
un pequeño y feo agujero estaba abierto ante ellos. Una mirada a la asquerosa
montaña de residuos junto a la entrada dejaba claro que se trataba de un nido.
¿Y a quién pertenecía el nido? Con estos héroes recién
formados aquí para la batalla, ¿qué otra cosa podría ser?
Goblins.
El corazón de Noble Fencer ansiaba la batalla al
pensar en ellos.
Aquí, ahora, no tenía familia ni riquezas, ni poder ni
autoridad. Sólo sus propias habilidades y sus amigos la ayudarían a completar
esta misión. Una verdadera aventura.
Su primera acción, sería deshacerse de los goblins que
atacaban la aldea en el norte. Ellos lo harían más rápido de lo que nadie había
visto antes.
—¡Muy bien! ¿Están todos listos? — Puso sus delgadas
manos sobre sus caderas en un orgulloso gesto que enfatizaba sus pechos, y
luego señaló el nido con su espada. —¡Hagamos morir de hambre a esos goblins!
Eso fue hace semanas.
Era bueno que hubieran tapado los túneles de los goblins
levantando barreras defensivas alrededor de las salidas. Y no se habían
equivocado al montar una tienda de campaña, encender una hoguera para
mantenerse calientes y preparar una emboscada.
—Los goblins están atacando la aldea porque tienen
pocos suministros —, dijo Noble Fencer, llena de confianza. —Son criaturas
tontas. Unos días sin comida y no tendrán más remedio que salir a por ella.
Y de hecho, eso fue lo que pasó. Encontraron a un
grupo de goblins intentando romper las barreras defensivas y los mataron. Días
después, un grupo de monstruos hambrientos emergieron, y ellos también fueron
masacrados. Era seguro decir que todo iba según lo planeado. Ellos completarían
la misión con prácticamente nada peligro y con un mínimo de esfuerzo.
Pero eso era tanto un sueño como la idea de que estos
nuevos aventureros no experimentados pudieran de repente llegar a rango
Platino. Si fuera tan fácil como se imaginaban, matar goblins difícilmente
podría llamarse una aventura.
Este era el norte del país, un lugar helado. Había
incluso una capa de hielo cerca, más allá del territorio de los que tenían
palabras (iluminados). El aliento de una persona podía convertirse en hielo tan
pronto como salía de su boca, quemando la piel, y las cejas congeladas hacían
ruido cada vez que uno parpadea. El equipamiento se hizo pesado con el frío, la
resistencia se desvanecía día a día sin descanso.
Había otras dos mujeres en el grupo de cinco personas,
incluyendo a Noble Fencer, aunque los hombres, por supuesto, mantuvieron su
distancia. Comieron para tratar de distraerse y mantener sus fuerzas. Era todo
lo que podían hacer.
Pero la carga era pesada, ya que incluía su
equipamiento, las barreras y el equipo para clima frío. Individualmente, cada
uno de ellos llevaba sólo un puñado de provisiones. Uno de sus miembros sabía
poner trampas para animales, pero no había garantía de que fuera posible
obtener alimentos para cinco personas.
Las flechas también eran limitadas. Podrían intentar
recuperar las que habían usado, pero…
Pero lo primero y más importante es que se quedaron
sin agua.
Su grupo cometió el error de comer el hielo y nieve,
provocándoles diarrea y poniendo a prueba su resistencia
No eran estúpidos; sabían que tenían que derretir su
equipo con un fuego, aunque fuera molesto.
Lo que significa, por supuesto, que después se
quedaron sin combustible.
Tenían poca comida, no tenían agua y no tenían forma
de mantenerse calientes. Esto marcó el deshonroso fin plan de batalla
aparentemente infalible de Noble Fencer.
Sin embargo, sería ridículo rendirse a estas alturas.
Sólo trataban con goblins, los más débiles de los monstruos. Perfectamente
adecuados para principiantes, para una primera aventura. Volver a casa sin
haber luchado contra las criaturas sería humillante. Serían marcados para
siempre como los aventureros que habían huido de los goblins…
Siendo ese el caso, alguien tenía que bajar de la
montaña, conseguir suministros en la aldea y regresar.
Los aventureros se miraron unos a otros, acurrucados
bajo su apretada tienda de campaña, y todos se concentraron en solo uno.
Específicamente, Noble Fencer, que estaba temblando de frío, usando su espada
plateada como un bastón para apoyarse a sí misma, pero devolviendo la mirada a
todo el mundo.
Nadie quiere culparse a sí mismo cuando las cosas van
mal.
—Ve tú —, dijo el explorador rhea, lo suficientemente
fuerte como para atravesar un corazón. A pesar de que él había sido el primero
en estar de acuerdo cuando ella le sugirió la táctica de inanición, dijo que le
parecía interesante. —Ahora mismo, soy el único que está trabajando aquí. ¡Ve
a buscarlo! ¡Tráenos algo de cenar! — “No puedo soportarlo”,
murmuró.
—…Tiene razón —, dijo su mago, asintiendo sombríamente
desde debajo de una pesada capa. —¿Saben qué? Yo estaba en contra de esta idea
desde el principio. Ni siquiera he tenido la oportunidad de usar mis hechizos.
—Sí, estoy de acuerdo. — Esta vez fue la guerrera
medio elfa, reprimiendo un bostezo mientras hablaba. —Me estoy cansando de
esto.
Si Noble Fencer recordaba bien, ninguno de ellos había
pensado que matar de hambre a los goblins fuera una idea excelente al comienzo.
Pero cuando ella explicó que este método sería el más seguro, ellos aceptaron.
Además, Noble Fencer había pensado que ella y la
guerrera medio elfa se habían acercado más durante estos días que habían
pasado. Ella volvió la mirada hacia la guerrera, sintiéndose traicionada, y dio
un pequeño bufido desdeñoso.
—Entonces no habríamos tenido que sufrir todo esto. —
Añadió la medio elfa. —¿Y tú qué opinas, pequeño?
—Eh, no me importa mucho quien vaya. — El monje enano
jugaba con un símbolo del Dios del Conocimiento, aparentemente tratando de
responder con la menor cantidad de palabras posible. —Pero los enanos y los
rheas tienen las piernas muy cortas. Y los medios elfos son muy delgados. Creo
que un humano es nuestra mejor apuesta aquí. — Miró a Noble Fencer con un
astuto destello en sus ojos, que casi se perdían en su negro vello facial.
Los guerreros eran los más adecuados para ir solos que
los hechiceros. Él bien podría haberle pedido que fuera directamente.
—…Muy bien. Lo haré —, respondió cortamente Noble
Fencer, que había escuchado en silencio hasta ese momento. —Obviamente es la
opción más lógica.
Sí, eso era todo. Ella iría porque era lógico. No
porque su plan hubiera fallado. O eso se repitió a sí misma mientras descendía
por el largo camino de la montaña.
Apoyándose en su espada-reliquia como un bastón, se
quitó el peto y lo guardó en su espalda, sin poder soportar más el peso y el
frío. Se mordió el labio, avergonzada de que el equipo de aventurero se hubiera
convertido en nada más que equipaje.
Encima de eso estaba la bienvenida que la esperaba en
el pueblo.
—¡Ah! ¡Maestra aventurera, ha vuelto! ¿Ha tenido
éxito?
—Bueno, uh…
—¿Alguno de los suyos resultó herido?
—Aún no… Quiero decir, aún no hemos… luchado contra
ellos…
—Cielos…
—Pero me preguntaba si… ¿podrían… podrían compartir un
poco de comida con nosotros, por favor?
La respuesta fue no.
Uno podría imaginar cómo se sentían el jefe y los
aldeanos. Los aventureros a los que habían convocado a través de la solicitud,
habían estado fuera durante semanas y, sin embargo, no habían conseguido nada.
Y ahora querían más comida, más combustible, más agua. Si la aldea tuviera los
recursos necesarios para abastecer a cinco jóvenes fuertemente armados, ¿habría
tenido que llamar a aventureros en primer lugar? Apenas tenían suficiente para
ellos mismos para pasar el invierno. Tratar de apoyar a un grupo de aventureros
a que logren su misión sería demasiado.
Sólo podía llamarse un golpe de buena suerte el que
Noble Fencer fuera capaz de sacarles unas cuantas pequeñeces.
—……
La cruel ironía era que estos suministros adicionales
sólo hacían que su viaje de regreso fuera mucho más lento y difícil. Con cada
paso que daba a través de la nieve, el arrepentimiento llenaba su corazón como
el hielo que entraba a sus botas.
¿Deberían haber hecho más preparativos de antemano?
¿Invitar a más aventureros a formar parte de su grupo? ¿O quizás deberían haber
hecho una retirada táctica en lugar de seguir adelante con la idea de la
inanición?
—¡No! ¡Por supuesto que no! ¡Nadie está huyendo de los
goblins!
Dejó que sus emociones hablaran, pero no había nadie
que le contestara.
Por ahora, ya había sido alcanzada por la noche, una
noche que ennegreció aún más la “oscuridad blanca” de la azotadora nieve. Ya
estaba agotada cuando comenzó esta marcha con su pesada carga, y todo acerca de
eso era una crueldad para ella.
—No nos rendiremos… ante goblins…
Exhaló sobre sus entumecidas manos, intentando
desesperadamente levantar su tienda de campaña. Tener algo, cualquier cosa,
entre ella, la nieve y el viento haría una gran diferencia.
—Hace frío… Tanto frío…
El aire helado de la noche era despiadado. Abrazándose
a sí misma y temblando, Noble Fencer tomó algo de leña.
—Tonitrus —, murmuró, recitando el hechizo
de Rayo. Pequeños rayos de electricidad crepitaron de las yemas de sus dedos y
prendieron fuego a la leña.
Noble Fencer era una rara luchadora de primera línea
que podía usar magia de rayo, que había aprendido porque era una tradición
familiar. ¿Y qué daño haría un pequeño rayo aquí? Podía usarlo una o dos veces
al día; tenía sentido usarlo para prender fuego y así poder calentarse un poco.
Pero incluso eso era un lujo, ya que consumía algo de la escasa leña que los
aldeanos le habían dado.
—………
No habló más, sino que abrazó sus rodillas, intentando
acurrucarse en forma de bola para ayudarla a escapar del aullido del viento y
la nieve.
Hasta hace unos días, había tenido amigos.
Ahora, ella estaba sola.
Sus compañeros estaban a pocas horas de camino. La
estaban esperando. Probablemente
Pero Noble Fencer simplemente no tenía la fuerza para
alcanzarlos.
Estoy tan cansada…
Eso era todo, todo lo que ella podía pensar.
Aflojó su cinturón y las correas de su armadura. Esto
era algo que ella había oído una vez que uno debía hacer. El calor del fuego
comenzó a filtrarse en su cuerpo, y su espíritu se relajó.
Se había imaginado despachar a los goblins
rápidamente, y con facilidad. En un abrir y cerrar de ojos, se habría elevado a
Oro o incluso Platino. Haría su propio nombre, no dependería del poder de sus
padres. Pero ¡qué difícil estaba resultando!
Supongo… que tal vez debía haberlo esperado.
Cosas como la fama y la fortuna no le llegaban a una
persona de la noche a la mañana. Estas se acumulaban durante décadas, siglos.
¿Había creído que ella, sola y sin ayuda, sería capaz de realizar de una sola
vez un esfuerzo digno de tales logros?
Será mejor que me disculpe.
¿Se refería a sus amigos o a su familia? No estaba
segura, pero la humildad que sentía en su corazón era real cuando Noble Fencer
cerró los ojos.
Comenzó a dormirse, su conciencia se alejaba cada vez
más. Con tanta fatiga en sus huesos, ¿cómo podría querer algo más que
descansar?
Por eso no se dio cuenta inmediatamente de lo que
estaba oyendo.
*Splat* El sonido de
algo húmedo golpeando.
De alguna manera, el borde de la tienda de campaña se
había levantado, ¿el viento lo había hecho?, y algo había aterrizado junto al
fuego.
Noble Fencer se sentó desde donde había estado
acostada y miró a la cosa con sueño, inquisitivamente.
—Me pregunto qué… es esto…
Era una oreja.
No una humana, sino la oreja de un medio elfo,
cruelmente cortada a mitad de camino.
—¡Ahh… ahhh!
Noble Fencer cayó hacia atrás, aterrizando sobre su
espalda. Aun gritando, ella retrocedió
En ese momento, llegó una risa horrible; parecía
rodear la tienda.
Fue al momento siguiente que algo de afuera agarró la
tienda y la derribó.
—¡Ah… oh! ¡No! ¡¿Qué es esto?! ¡¿Por qué está…?!
Noble Fencer se retorció bajo la tienda caída, medio
loca. La hoguera se extendió a la tienda de campaña, enviando copiosas
cantidades de humo, haciendo que sus ojos se humedecieran e induciendo un
ataque de tos.
Cuando la luchadora por fin logró salir de la trampa,
apenas se la reconocía como la que había sido. Su pelo dorado y limpio estaba
desordenado, sus ojos y nariz estaban sucios con lágrimas y mocos, y tenía
ceniza en su rostro.
—¡Ee-eek! ¡¿G-Goblins…?!
Gritó y retrocedió al ver a las asquerosas pequeñas
criaturas, alejándose del sonido de sus horribles risas. Noble Fencer estaba
completamente rodeada de goblins en la noche oscura y nevada. Tenían
rudimentarios garrotes y armas de piedra, y llevaban poco más que pieles.
Pero no era la aparición de los goblins lo que
aterrorizó a Noble Fencer. Era lo que tenían en sus manos: las cabezas
familiares de un rhea, un enano y un humano.
Más lejos, la medio elfa estaba siendo arrastrada
débilmente por el pelo a través de la nieve. Dejó una vena roja detrás de ella
como un pincel sobre un lienzo.
—Oh… Por favor…
No, no. Noble Fencer
agitó su cabeza como una niña malcriada, el movimiento envió ondas a través de
su pelo.
¿Habían esperado a que ella estuviera fuera para
atacar?
¿Había decidido su grupo asaltar la caverna mientras
Noble Fencer no estaba allí, llevando a este espeluznante final?
Noble Fencer agarró su espada con una mano que no
dejaba de temblar y trató de sacarla de la vaina.
—¿Por… qué? ¡¿Por qué no p-puedo sacarla…?!
Ella había cometido un error crucial. ¿Qué había
pensado que pasaría? Su espada había sido empapada por la nieve, luego la había
dejado junto a la fogata, y ahora estaba expuesta de nuevo al frío. La nieve se
había derretido sobre la empuñadura y la vaina. ¿Qué otra cosa sucedería en
esta situación sino congelarse una vez más?
Docenas de goblins se acercaron cada vez rodeando a la
llorosa luchadora. La chica, sin embargo, se apretó los labios. Quizás no podía
desenvainar su espada, pero empezó a conjurar un hechizo con su lengua pesada
por el frío.
—¡Tonitrus…oriens…!
—¡GRORRA!!
—¡¿Hrr…ghhh?!
Por supuesto, los goblins no fueron lo suficientemente
amables como para dejarla terminar. Fue golpeada en la cabeza por una
despiadada piedra; esto hizo que Noble Fencer se arrodillara.
La “compasión” de los goblins sólo servía para un
propósito: burlarse de su patética, llorosa y aterrorizada presa.
Su nariz bien formada había sido aplastada, la sangre
goteaba tiñendo el campo de nieve.
—¡GROOOOUR!!
—¡N-no! ¡Paren, paren, por favor! ¡Ah! ¡H-hrggh! ¡No,
por favor…!
Lloraba mientras le agarraban del pelo, y gritó
mientras le quitaban la espada.
Lo último que vio fueron sus propios pies agitándose
en el aire. Noble Fencer fue rodeada por más goblins de los que podía contar
con las dos manos.
Entonces, ¿quién era el que se había muerto de hambre
aquí? ¿Fue esto lo que consiguieron por desafiar a los goblins en su
territorio? ¿O por no prepararse lo suficientemente bien como para llevar a
cabo su propia estrategia?
Sea como fuere, no hacía falta que nos detengamos a
pensar en lo que le sucedió después.
Ese fue el fin de esos aventureros.
✠
Los ojos de Noble Fencer se abrieron al sonido
crepitante de chispas volando. Sintió un débil calor, pero el dolor en su
cuello, una sensación de ardor, le hizo saber que esto era una realidad.
¿Qué había pasado? ¿Qué le habían hecho? Una serie de
recuerdos pasaron por su mente.
—……
Noble Fencer silenciosamente apartó la manta y se
sentó. Parecía estar en una cama.
Cuando miró a su alrededor, vio que estaba en una
construcción de troncos. Un olor le picaba la nariz, ¿vino? Había sido un poco
más de mala suerte que ni siquiera el hecho de estar amontonada en una pila de
basura haya debilitado su sentido del olfato.
Estaba en el segundo piso de una posada. En una de las
habitaciones de huéspedes, pensó. Si no estuviera simplemente alucinando.
Al mismo tiempo, podía ver una figura humana agazapado
en un rincón oscuro de la habitación, que sólo estaba iluminado por el fuego.
La figura llevaba un casco de aspecto barato y una
armadura sucia. La espada que llevaba era de un largo extraño, y un pequeño
escudo circular estaba apoyado contra la pared. Él se veía singularmente poco
impresionante, excepto por la placa de plata alrededor de su cuello.
La voz de Noble Fencer estaba temblando. —Goblins —,
dijo ella. Habló en un susurro, más a sí misma que a alguien más.
—Sí. — El hombre respondió igual, su voz silenciosa y
sus palabras contundentes. —Goblins.
—…Ya veo —, dijo ella, y luego se acostó en la cama.
Cerró los ojos, mirando la oscuridad en la parte posterior de sus párpados, y
luego los abrió levemente. —¿Qué hay de los otros? —, preguntó después de un
segundo.
—Todos muertos —, llegó la respuesta desapasionada.
Era casi misericordioso en su fría franqueza, dándole solo los hechos.
—Ya… ya veo.
Noble Fencer pensó durante un momento. Se asombró de
lo duro de su corazón. Había esperado llorar, pero su espíritu estaba
sorprendentemente callado.
—Gracias por ayudarme. — Una pausa. —Lo que quiero
decir es… ¿se acabó?
—No. — Las tablas del piso crujieron cuando el hombre
se puso de pie. Fijó el escudo a su brazo izquierdo, comprobó el estado de su
casco, y luego se acercó a ella con un paso audaz e indiferente. —Hay algunas
cosas que me gustaría preguntarte.
—……
—Sólo dime lo que puedas.
—……
—¿No te importa?
—……
Quizás tomando el silencio de Noble Fencer como un
asentimiento, el extraño hombre continuó indiferentemente: ¿Cuántos goblins
había encontrado? ¿Cuál era el diseño del nido? ¿Qué tipos de goblins había?
¿Dónde los había encontrado? ¿En qué dirección?
Ella respondió sin emoción.
No lo sé. No lo sé. Todos se veían iguales. Cerca de
la cueva. El norte.
El hombre sólo gruñó, —Hmm —, sin añadir nada más.
*Snap. Crackle* Los momentos
de intermitente habla estaban conectados por el murmullo del fuego en la
chimenea.
El hombre se levantó y cogió un atizador con su mano,
clavándolo sin ganas en el fuego. Finalmente, habló, aun viendo la chimenea y
tan silenciosamente como antes.
—¿Qué hiciste?
—…Traté de matarlos de hambre —, dijo Noble Fencer,
tirando un poco de los bordes de su boca. Era sólo un pequeño gesto, tan
pequeño que nadie más que ella podría haberlo notado. Pero pensó que había
sonreído. —Estaba seguro de que funcionaría.
—Ya veo.
Ella asintió ante esta desapasionada respuesta.
Bloquear las salidas de la cueva, esperar a que los
goblins empiecen a morir de hambre, y luego acabar con ellos. Ella y sus amigos
podían hacerlo juntos, bien y sin problemas. Conseguir algo de experiencia,
subir sus rangos. Y luego… Y luego…
—Estaba tan segura…
—Ya veo —, él repitió y asintió. Volvió a remover el
fuego y luego puso a un lado el atizador. Hubo un traqueteo del hierro mientras
se paraba. El suelo crujió. —Sí, entiendo cómo pudo pasar eso.
Noble Fencer lo miró vacíamente. El casco le impedía
ver su cara. Se le ocurrió que estas era las primeras palabras de consuelo que
él le había dicho.
Quizás el hombre ya había perdido interés en Noble
Fencer, porque caminaba hacia la puerta. Antes de que él llegara, ella lo
llamó.
—¡Oye, espera!
—¿Qué?
Algo venía a ella, una imagen tenue y ambigua de algún
lugar del otro lado de su memoria.
Esa sucia armadura. Ese casco barato. Esa extraña
espada y ese escudo redondo. Alguien testarudo y extraño, con una placa de
rango Plata alrededor de su cuello. Alguien que mata goblins. Todo era sólo un
vago recuerdo.
Pero eso le recordaba ciertas líneas de una canción
que había escuchado en alguna parte. Le trajo recuerdos de hace mucho, mucho
tiempo, cuando ella y sus amigos se reían juntos en la ciudad.
Un aventurero conocido como el hombre más amable de la
frontera.
—¿Eres… Goblin Slayer?
—……
Él no respondió inmediatamente; hubo un momento de
silencio.
Entonces, sin darse la vuelta, dijo, —Sí, algunos me
llaman así.
Su voz, como siempre, no dio ninguna pista de sus
emociones, y con eso, salió de la habitación.
Se escuchó el sonido de la puerta cerrándose. El
atizador en el suelo era la única señal de que él había estado allí.
Noble Fencer miró al techo. Alguien había limpiado su
piel y ropas, y se la había cambiado por un traje áspero y sin adornos. Se puso
una mano en su pecho, que se levantó y cayó en sincronía con su respiración.
¿Él era el hombre que había limpiado su cuerpo? ¿O no? La verdad es que a ella
tampoco le importaba.
Ya no quedaba nada para ella. Nada en absoluto.
Había abandonado su casa, sus amigos se habían ido y
su castidad había sido robada. No tenía dinero, ni equipamiento.
Eso no es verdad.
Vio algo en un rincón de la habitación, el rincón
donde el hombre, Goblin Slayer, había estado sentado al inicio. Armadura de
cuero, maltratada y agujereada, y su bolsa de objetos, ahora sucia.
El dolor en su cuello se intensificó.
—Goblin Slayer… Aquel que asesina goblins.
Parecía que los goblins no se habían dado cuenta de
que Noble Fencer tenía un falso fondo cosido en su bolsa de objetos.
Tradicionalmente, cuando se usa un estoque, uno lleva
un objeto que ayuda en la defensa en la mano contraria.
Lo que ella había escondido en el fondo de su bolsa de
objetos era una segunda hoja con joyas de la casa de su familia. Era una daga
de aluminio forjada por un martillo-relámpago contra una gema roja.
✠
—¿Cómo está ella?
—Despierta.
Cuando Goblin Slayer bajó las escaleras, la
sacerdotisa lo interrogó con preocupación en su voz, pero él respondió con
indiferencia.
A diferencia de la discusión de antes, ahora no había
aldeanos en la posada.
Era de noche para cuando Goblin Slayer y los otros
regresaron. Si todos los goblins estaban muertos, entonces no había necesidad
de que los aldeanos pasaran la noche en temerosa vigilancia. Sus días de ser
atormentados por la oscuridad, el frío y el miedo habían terminado.
La única excepción era el jefe de la aldea. Tuvo la
desgracia de recibir a los aventureros y fue el primero en escuchar su informe.
—Los goblins parecen haber construido un nido
separado.
No se podía culpar al jefe por la forma en que abrió
la boca. ¿Cómo se suponía que su aldea, aquí en el norte, se prepararía para el
invierno ahora? Tenían tan pocas reservas. Y ahora había llegado a esto. Los
goblins de la cueva habían sido asesinados; los aventureros tendrían derecho a
considerar concluida la misión. Los aldeanos tendrían que volver al Gremio,
presentar otra misión y pagar otra recompensa.
Si no lo hacían, la aldea simplemente sería destruida.
Por lo tanto, su alivio fue inmenso cuando Goblin
Slayer anunció que su grupo continuaría trabajando contra los goblins. Pero eso
no resolvió el problema del pueblo con las provisiones. La mesa alrededor de la
cual se sentaba el grupo sólo tenía una comida modesta, en su mayoría verduras
saladas.
En un espacio libre entre los platos, una hoja de piel
de cordero estaba abierta. Era el mapa de la montaña nevada que el cazador les
había dado antes de atacar la cueva. Goblin Slayer tenía el mapa arreglado de
modo que el norte quede al frente de donde estaba sentado.
—Oye —, dijo la elfa con los ojos medio cerrados.
—¿Deberíamos dejarla sola?
—No lo sé.
—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?
—¿Cómo podría saberlo? —, dijo Goblin Slayer, sonando
un poco molesto. Podría ser brusco, abrupto y frío. Pero casi nunca gritaba.
—¿Qué debería haberle dicho? “Lamento que tus amigos estén muertos, pero al
menos sobreviviste.”
Esto quitó las palabras de la boca a la elfa. —Bueno…
Bueno… — Ella abrió la boca, luego la volvió a cerrar, antes de decir
finalmente, —Existe una forma sensible de decir las cosas.
La respuesta de Goblin Slayer fue breve, —Eso no
cambia su significado.
Ahora que lo pienso…
La sacerdotisa se mordió el labio suavemente. Él
tampoco había intentado consolarla en su propio caso. Ni cuando habían
rescatado a la herida aventurera elfa de las ruinas. Él siempre era…
El débil sabor de la sangre era tan amargo que casi le
hizo llorar.
Miró hacia Goblin Slayer, pero él no pareció darse
cuenta.
—¿Cómo está tu herida? ¿Afecta en algo a tu
movimiento?
La elfa frunció sus labios. Tales cambios drásticos de
tema eran una especialidad suya. Por otra parte, él estaba preocupado por ella
(¡aunque su preocupación era sobre todo matar goblins!), y ella no podía
quejarse de eso.
—…Está bien. Incluso si todavía me duele un poco. He
recibido tratamiento para ello.
—Ya veo. — Asintió. Su casco se estremeció por el
movimiento. —En ese caso, pasaremos al aprovisionamiento de equipamiento. ¿Cómo
van las cosas?
—Mm. — El sacerdote lagarto asintió sombríamente y
acarició la bolsa de cáñamo que estaba a su lado. Su silla, alrededor de la
cual se las había arreglado para envolver toda su cola, crujió. —He logrado
obtener provisiones, aunque fueron bastante caras, ya que tuve que pedirles a
los aldeanos que las sacaran de sus propias reservas.
—Ahí van nuestras ganancias… otra vez —, dijo la elfa
con un suspiro. Intentaba sonar frustrada, pero una sonrisa tiró de las
comisuras de sus labios. Ellos habían estado juntos durante casi un año, y ella
se había acostumbrado a esto. Aunque su resolución de llevar a Goblin Slayer a
una verdadera aventura no había hecho más que fortalecerse.
—¿Qué es esto, entonces? ¿Preocupada por el dinero,
Orejas Largas? Normalmente no eres de ese tipo. — El chamán enano rio a
carcajadas, ya sea que entendiese o no lo que realmente estaba pensando la
elfa. No contento sólo con el vino que usaba como catalizador, había conseguido
otra jarra para seguir con esta conversación. Era un alcohol insípido, inodoro
y fuerte; la botella había sido enterrada en la nieve y convertida en aguamiel.
El chamán enano se lo bebió.
La elfa pensó que tendría resaca con sólo mirarlo.
—Por supuesto que sí —, dijo ella, mirando al enano. —¡Las recompensas por
matar goblins son miserables!
—Pero esta vez logramos rescatar a un aventurero —,
dijo el sacerdote lagarto.
—Bueno, no todos los días ves a cinco o seis
aventureros de rango Plata matando goblins, ¿verdad? — Dijo el chamán enano.
—Er… Yo sólo soy Obsidiana —, murmuró la sacerdotisa,
y sonrió oscuramente.
Ella sabía lo que era ser la única superviviente de un
grupo aniquilado. Ella quería creer que no estaba forzando la interpretación,
pero no podía evitar preguntarse qué tan diferente era realmente de esa Noble
Fencer.
No sabía si era el destino o el azar… Pero cada vez
que pensaba en los dados invisibles tirados por los dioses, sentía que algo así
como la mierda se acumulaba en su corazón.
—Oye, me las arreglé para conseguir algo de medicina
—, dijo el chamán enano. Vació su jarra, sirvió más, y luego volvió a beber.
—La hermana mayor de esa chica… — Goblin Slayer se
detuvo un segundo. —La curandera, nos dijeron que era inexperta.
—Tal vez no pueda hacernos pociones, pero dijo que nos
daría todas las hierbas que quisiéramos —, dijo el chamán enano con una amplia
sonrisa. Luego se acarició la barba. —¿No crees que es el tipo de mujer que te
conviene? Sería una buena esposa.
—No tengo idea.
—Um… —, la sacerdotisa estalló, incapaz de contenerse.
El chamán enano y Goblin Slayer, con su conversación
interrumpida, la miraron, y al poco tiempo le siguieron el sacerdote lagarto y
la elfa.
—Um, bueno… — Ella se avergonzó bajo la mirada colectiva.
—Me pregunto qué vamos a hacer ahora —, dijo débilmente.
—Matar a los goblins, por supuesto. — La respuesta de
Goblin Slayer fue tan fría como siempre. Él se inclinó sobre la mesa, mirando
las jarras y platos que rodeaban su mapa. —Muevan los platos.
—Entendido —, dijo el chamán enano, como si de repente
recobrara sus sentidos; agarró una patata al vapor de uno de los platos y dio
un mordisco.
—¡Hey! —, dijo la elfa, quien pensó que tenía derecho
sobre la comida. Ella quitó los platos que lucían muy maltratados.
Preocupado de que su licor pudiera ser recogido junto
con el resto de los platos, el chamán enano tiró de su jarra y botella hacia sí
mismo para protegerlos.
El sacerdote lagarto juzgó que la visión de ambos era
“muy divertida”, sacando la lengua y vertiendo más vino en su jarra vacía.
—……
Cuando todo terminó, la sacerdotisa limpió
silenciosamente la mesa.
—Bien —, dijo Goblin Slayer, asintiendo y reordenando
el mapa en la mesa. Luego tomó un utensilio para escribir de su bolsa de
objetos, un simple trozo de carbón pegado a un trozo de madera, y marcó la
ubicación de la cueva con una X.
—Es obvio que esa cueva no era su morada.
—Sí, definitivamente era una capilla o algo así —,
dijo la elfa, bebiendo un poco de vino de uva. —Aunque todavía no puedo
creerlo.
—Creíble o no, esos son los hechos. Así que debemos
reconocerlo. Aun así… — El sacerdote lagarto dio un suspiro sibilante, cerrando
los ojos. Un segundo después, abrió a uno de ellos y miró a la sacerdotisa.
Ella miró a su ojo y tembló. —…Me pregunto qué piensa nuestra honorable
clériga.
—¡Oh! Uh… Um, Um, sí… — La sacerdotisa se enderezó
rápidamente en su silla, agarrando su bastón, que yacía sobre sus rodillas.
Estaba claro que él estaba tratando de mostrar algo de consideración por ella.
Tengo que responder.
Tomó un gran trago de vino, se lamió sus ahora húmedos
labios. —Estoy de acuerdo con Goblin Slayer. Eran… ¿30?
—Treinta y seis —, dijo Goblin Slayer. —Ese es el
número de ellos que matamos.
—No creo que treinta y seis de ellos pudieran dormir
allí.
—Es cierto que el lugar no parecía tener mucho en
cuanto a comida o vino o cualquier otra de sus cosas favoritas —, dijo el
chamán enano.
La palabra “goblin” era prácticamente
sinónimo de la palabra “estúpido”, pero eso no significaba que no tuvieran
cerebro. La razón por la que no tenían tecnología para crear algo, era porque
tendían a considerar saquear lo suficiente para satisfacer sus necesidades.
Pero no se puede decir lo mismo de las cuevas en las que vivían. Si se hubieran
instalado en una casa, o algunas ruinas, o alguna estructura preexistente, eso
podría haber sido un asunto diferente. Pero una cueva…
Los goblins, a su desagradable manera, preparaban
almacenes, lugares para dormir y cúmulos de basura. Como mínimo, uno habría
esperado encontrar los restos de una de sus grandes festines por ahí, pero los
aventureros no habían descubierto tales restos. Sólo habían encontrado aquel
altar de piedra, un lugar que parecía una capilla, y una mujer a punto de ser
ofrecida.
—Esto sugiere que su morada principal está en otro
lugar —, dijo Goblin Slayer, haciendo un círculo en el mapa en la cima de una
colina más allá de las montañas. —Según los lugareños, hay algunas ruinas
antiguas en algún punto más arriba de donde escalamos.
—Las posibilidades de que los goblins tengan su base
allí son muy altas. — El sacerdote lagarto asintió. —¿Tienes idea del tipo de
ruinas que son?
—Una fortaleza enana.
—Hmm —, murmuró el chamán enano al mencionar su raza;
tomó otro sorbo de aguamiel. —Una de las fortalezas de mi pueblo de la Era de
los Dioses, ¿no? Eso significa que un asalto frontal arriesgaría nuestra vida e
integridad física, Corta Barbas. ¿Probamos incendiarla?
—Tengo una pequeña cantidad de gasolina —, dijo Goblin
Slayer, sacando una botella llena de líquido negro de su bolsa. —Pero supongo
que la fortaleza está hecha de piedra. Un ataque de fuego desde el exterior no
la incendiaría.
—Desde afuera… —, repitió la sacerdotisa, golpeando un
dedo contra su labio. —¿Y qué hay del interior, entonces?
—Un buen plan —, dijo inmediatamente el sacerdote
lagarto, abriendo sus mandíbulas y asintiendo. Pasó una garra por el mapa de
piel de oveja, trazando cuidadosamente su ruta de marcha. —Los castillos
infiltrados por el enemigo son y siempre han sido vulnerables.
—Pero, ¿cómo vamos a entrar? Estoy segura de que no
podemos entrar por la puerta principal —, dijo la sacerdotisa con un tono de
angustia.
Ante esa idea, las orejas de la elfa se alzaron, y
ella se inclinó hacia delante. —¡Así que quieres colarte en una fortaleza! —
Definitivamente se veía aturdida. Ella siguió murmurando, “Bien, bien” para
sí misma, con sus orejas rebotando en sincronía con sus contemplaciones.
—¡Bien! Esto casi empieza a parecer una verdadera aventura. ¡Genial!
—¿E-Esto es… una aventura?
—Claro que sí —, dijo la elfa a su brillante y alegre
manera. Ella era naturalmente optimista, aunque era posible que estuviera
mostrando un lado alentador. Nada decía que tenías que actuar deprimido sólo
porque estabas en una situación deprimente.
—¡Montañas antiguas en lo profundo de tierras
salvajes! ¡Una fortaleza elevada controlada por un poderoso líder! ¡Y entramos
a hurtadillas y lo matamos!
Si eso no es aventura, entonces ¿qué es?
La elfa ofreció esta explicación con muchos gestos y
ademanes, y luego miró fijamente a Goblin Slayer.
—Supongo que no estamos peleando con un Señor Demonio
ni nada… pero con seguridad, no es la clásica matanza de goblins.
—Tampoco es una infiltración del todo —, murmuró
Goblin Slayer. —El enemigo sabrá que hay aventureros alrededor. Debemos
acercarnos con cautela.
—¿Tienes un plan? — Preguntó el chamán enano.
—Acabo de pensar en uno. — Goblin Slayer los miró. Su
expresión estaba enmascarada por su casco, pero parecía estar mirando a sus dos
clérigos.
—¿Sus religiones están en contra de los disfraces?
—Hmmm. Me pregunto —, dijo el sacerdote lagarto, sus
ojos giraron. Entonces sus ojos de reptil se fijaron en la sacerdotisa y
brillaron maliciosamente. Ella entendió su significado y sonrió suavemente.
No puedo dejar que todo el mundo me mime todo el
tiempo.
—Creo… creo que depende del tiempo y de la situación.
—Está bien. — Goblin Slayer rebuscó en su bolsa de
objetos y, al final, sacó algo. Rodó sobre la mesa, sobre el mapa, y luego
cayó.
Era la marca que llevaba el símbolo del ojo del mal.
✠
—Ya que fueron tan amables de dejarnos una pista, no
podía negarme a seguirla.
—Ha-ha. Muy inteligente —, dijo el sacerdote lagarto
con un aplauso de sus escamosas manos. Parecía entender lo que estaba pasando. —Convertirme
en miembro de la Secta Malvada. Mm, muy bien.
—Sí.
—Soy un hombre lagarto que sirve al Dios Oscuro. Mi
discípulo es un guerrero, y nos acompaña un mercenario enano…
—¡Supongo que eso me convierte en una elfa oscura! —
La elfa lo dijo con una sonrisa felina. Luego se volvió hacia la sacerdotisa.
—Tendré que colorear mi cuerpo con tinta. ¡Oye, tal vez podrías ponerte unas
orejas falsas! ¡Podríamos ser gemelas!
—¿Huh? ¿Oh…huh? ¿Tendré que pintarme yo también?
De repente, la sacerdotisa no sabía dónde mirar. La
elfa se le acercó rápidamente, sonriendo.
—Es mejor que la sangre de goblin, ¿verdad?
—¡No creo que eso…!
Dada la libertad de elegir, ella no habría elegido
ninguna de las dos opciones. Pero si llegara el momento…
Goblin Slayer miró a las dos parlanchinas chicas, y
luego se giró hacia los otros hombres. El sacerdote lagarto entrecerró sus ojos
ligeramente.
—Ellas son dos hermosas mujeres jóvenes.
—Sí —, dijo Goblin Slayer asintiendo, —Lo sé.
Si él tuviera que hacer algo ultrajante o inaudito para
lograr la victoria, lo haría. Si tuviera que deprimirse o ponerse serio para
luchar eficazmente, lo haría.
Pero la realidad era diferente. Risas y alegría: todo
el grupo reconocía lo importante que eran esas cosas.
—Ahora, entonces, supongo que debemos decidir qué
haremos una vez disfrazados —, dijo el sacerdote lagarto.
—Sería un inconveniente que los goblins descubran que
somos aventureros —, dijo Goblin Slayer. —Hagamos lo que hagamos, debemos
cambiar lo que llevemos puesto.
—Pfah —, dijo el chamán enano con una carcajada, su
aliento apestaba a alcohol. —Si no te importa que estén viejos, tengo unos
cuantos trajes.
—Oh-ho. Eres un enano con muchos talentos, lanzador de
hechizos-dono.
—Buena comida y vino, buena música y canciones, y algo
hermoso que vestir. Si tienes todo eso más la compañía de una buena mujer,
tienes todo lo que necesitas para disfrutar de la vida. — Se echó hacia atrás
con otra jarra de aguamiel en la mano y cerró los ojos. —Puedo manejar la
cocina, la música, las canciones y la costura por mi cuenta. En cuanto a las
mujeres, siempre están las cortesanas de la ciudad.
—Dios mío. ¿No tienes esposa, entonces? — El sacerdote lagarto parecía bastante sorprendido, pero el chamán enano respondió, —En realidad, no. Pensé que pasaría otros cien años disfrutando de la soltería, disfrutando el bon viveur.
El sacerdote lagarto se rió, sacando la lengua y sorbiendo felizmente de su bebida. —Lanzador de hechizos-dono, qué joven pareces. Es suficiente para poner celoso a un viejo lagarto.
—Ah, pero creo que soy mayor que tú. — Extendió la
botella de vino invitando; el sacerdote lagarto asintió y levantó su jarra.
Goblin Slayer fue el siguiente. Gruñó, “Mm,” y
simplemente levantó su jarra. El alcohol se vertió en ella.
—Asegúrense de disfrutar de sus vidas —, dijo el
chamán, añadiendo: —Sea con goblins o dioses o lo que sea. — Luego
se acomodó de nuevo para disfrutar su vino.
Su mirada se posó en las dos jóvenes parlanchinas.
—Ríete, llora, enfurécete, disfruta, la chica de
orejas largas es buena en eso, ¿no?
—……
Goblin Slayer miró el interior de su jarra, sin decir
nada. Un casco de aspecto barato reflejado en el vino lo miró fijamente, teñido
con el color anaranjado de las lámparas. Levantó la jarra hasta el casco y la
vació de un trago. Su garganta y su estómago se sentían como si estuvieran
ardiendo.
Dejó escapar un suspiro. Tal como lo hizo cuando
estaba en un largo camino, mirando hacia atrás, mirando hacia adelante y
continuando.
—Nunca es tan simple —, dijo él.
—No, no creo que lo sea —, respondió el enano.
—¿No es así? —, preguntó el sacerdote lagarto.
—Supongo que tienes razón.
Los tres hombres rieron sin hacer ruido.
Fue entonces cuando las chicas se fijaron en ellos, mirándolos
con perplejidad.
—¿Qué pasa? — preguntó la elfa.
—¿Pasa algo malo? —, dijo la sacerdotisa.
El chamán enano evitó sus preguntas, y después de dar
un momento para que las cosas se calmaran, Goblin Slayer dijo:
—Ahora. Sobre los goblins.
—¡Ah-ha! Así que llegamos a eso, Corta Barbas. — El
chamán enano sacudió las gotitas en su barba y se acomodó en su asiento.
—Supongo que este tipo parecido a un paladín es su líder. Eso si es que
realmente existe, por supuesto.
—Sí. — Goblin Slayer asintió. —Yo tampoco he peleado
nunca contra un goblin así.
—La pregunta es, ¿qué tan inteligente es?
—Al menos fue capaz de imitar mis trucos. — Goblin
Slayer sacó la punta de flecha de su bolsa, girándola en su mano. Estaba
manchada con la sangre de la elfa. Le dio una sensación oscura. —Y si pudimos
aniquilar a treinta y seis de ellos en una expedición, significa que nuestros
enemigos son muchos.
—Así que, ¿cerebros pequeños y muchos de ellos? Suena
como otro día de trabajo con goblins —, dijo el chamán enano.
Las cosas en el festival de la cosecha de alguna
manera habían ido a su favor, pero eso era porque conocían el terreno y habían
hecho preparativos. Aunque no había más enemigos de los que había en la granja,
los aventureros eran sólo cinco. Luchar en territorio hostil parecía algo
inmanejable.
El sacerdote lagarto, que había estado escuchando en
silencio, hizo un ruido sordo con su garganta, y luego dijo seriamente, —Y hay
un problema más.
Golpeó el suelo con su cola, extendió los brazos, y
dio golpecitos con su garra en la nueva marca que Goblin Slayer había hecho en
el mapa. —Específicamente, si fuéramos tan afortunados como para entrar en las
fortificaciones del enemigo, ¿qué haríamos dentro?
—Ah, sobre eso —, dijo Goblin Slayer. —Si logramos
entrar…
*Criiiick*
Tan pronto como habló, se oyó un crujido de madera.
Inmediatamente, todos los aventureros tomaron sus armas.
Contuvieron la respiración colectivamente. El posadero
se había retirado mucho antes.
Poco a poco, el crujido se convirtió en pasos silenciosos.
Alguien bajó las escaleras y luego exhaló.
—¿Goblins…?
La voz era débil, parecía un suspiro. Vino de Noble
Fencer, que se agarraba a la barandilla de la escalera, balanceándose
inestablemente. Llevaba una armadura hecha jirones sobre su pijama de tela
delgada, y en su mano una daga plateada brillaba en la luz.
¿Mithril…? No, el color es demasiado claro. ¿Un ítem
mágico de algún tipo, tal vez…?
El chamán enano se encontró entrecerrando los ojos
ante el resplandor. Y pensar que eso debía ser algo que él, un amigo del metal,
nunca había visto.
—……Entonces… Yo también voy.
—¡De ninguna manera! — La elfa fue la primera en
responder. —Vinimos a rescatarte por la solicitud que tus
padres publicaron. — Miró a los ojos de Noble Fencer con su característica franqueza.
Esos ojos eran profundos y oscuros, como el fondo de un pozo, o eso es lo que a
ellos les parecía.
La mención de sus padres no pareció suscitar ni
siquiera una reacción en Noble Fencer.
Hubo una toma de aire, muy ligera.
—Antes de que vuelvas a poner tu vida en peligro, ¿no
crees que al menos deberías ir a casa y hablar con ellos? —, dijo la elfa.
—……No. No puedo hacer eso. — Noble Fencer agitó su
cabeza, su pelo color miel tembló. —……tengo que recuperarlo.
El sacerdote lagarto juntó sus manos en una extraña
forma, descansando su barbilla sobre ellas. Con los ojos cerrados, parecía
medio rezando, y medio soportando un poco de dolor. En silencio, preguntó:
—¿Y qué podría ser eso?
—Todo —, contestó con firmeza Noble Fencer. —Todo lo
que he perdido.
Sueños. Esperanzas. Futuros. Castidad. Amigos.
Camaradas. Equipo. Una espada.
Todo lo que los goblins le robaron y se llevaron a las
profundidades de su oscuro agujero.
—No puedo decir que no entiendo —, dijo el sacerdote
lagarto después de un momento, su respiración siseaba. Noble Fencer hablaba del
orgullo, de una forma de vida. El sacerdote lagarto unió sus palmas en un
extraño gesto. —Un naga tiene su orgullo precisamente porque es un naga. Si no
tiene orgullo, ya no es un naga.
—¡S-Sólo un segundo…! — Dijo la elfa. El sacerdote
lagarto era bastante tranquilo y sereno, aunque, pensándolo bien, parecía que
le gustaba el combate. Las orejas de la elfa habían caído de pena, pero ahora
volvieron a levantarse. —¡Enano! ¡Di algo!
—¿Por qué no la dejamos hacer lo que quiera? —, dijo
el chamán.
—¡¿Guh?!
Otro sonido que no era propio de un elfo (parecía
tener un repertorio cada vez más amplio) vino de la garganta de la elfa mayor.
El chamán enano no le prestó atención, y sacudiendo la
última gota de la botella de aguamiel, dijo, —Nuestra misión era rescatarla.
Depende de ella lo que haga después de eso.
—¡¿Et tu, enano?! ¿Qué pasa si ella muere, eh? ¿Entonces qué?
—Tú misma podrías morir. O yo. O cualquiera de nosotros. — Vació esa última jarra y se limpió la boca. —Todo ser vivo muere un día. Ustedes, los elfos, deberían saberlo mejor que nadie.
—Bueno… Bueno, sí, pero…
Las orejas cayeron de nuevo. La elfa
miró a su alrededor con una expresión como la de un niño perdido que no sabía
qué hacer a continuación.
La sacerdotisa la miró a los ojos, y eso casi le
impidió a la chica decir lo que dijo después. Miró al suelo, se mordió el
labio, bebió en silencio el último trago de vino de su jarra. Si no lo hubiera
hecho, la sacerdotisa no pensaría que podría haber sacado las palabras.
—Llevémosla… Llevémosla con nosotros.
Si ella no las decía, nadie más lo haría.
—Si… Si nosotros no…
No puede ser salvada.
Sin duda, no habrá salvación para ella.
La misma sacerdotisa había sido así, una vez.
Y ella sospechaba… que él también.
—Yo… —, Goblin Slayer comenzó, escogiendo sus palabras
con mucho cuidado, —…no soy tus padres, ni tu amigo.
Noble Fencer no dijo nada.
—Sabes lo que se debe hacer cuando tienes una misión
en mente.
—La cumplo.
—¡Hey!
Pero casi antes de que las palabras de la elfa
salieran de su boca, se oyó un desagradable sonido de lágrimas.
Cabello dorado voló por los aires.
—…Estoy pagando por adelantado.
Ella tomó un mechón del cabello que acababa de cortar.
Cortó otro mechón con su daga -otro sonido desgarrador- y lo puso sobre la
mesa. Las dos coletas de su pelo, que antes estaban atadas con cinta, ahora
habían sido cruelmente perdidas.
—…Yo también voy.
Su pelo era brutalmente corto ahora, sus labios
dibujaron determinación, la misma imagen de alguien inclinado por la venganza.
La sacerdotisa escuchó un suave gruñido dentro del
casco de Goblin Slayer.
—¿Goblin Slayer…san…?
—¿Qué puedes hacer?
Ignoró la mirada de la sacerdotisa, y en su lugar
lanzó esa pregunta a Noble Fencer.
Sin dudarlo, la chica respondió: —Puedo usar la
espada. Y un hechizo. [Rayo].
El casco giró, miró al chamán enano.
—Invoca truenos —, dijo desinteresadamente. —Muy
poderosos, como un cañón.
—…Muy bien —, dijo en voz baja Goblin Slayer. Entonces
preguntó, —¿No te importa?
El casco se volvió hacia la elfa, que lo miraba
suplicantemente. Entonces, ella apartó sus ojos; agarró su jarra con ambas manos
y miró al suelo. Finalmente, se frotó las esquinas exteriores de sus ojos con
los brazos y miró hacia arriba con lástima. Sólo dijo: —Si te parece bien,
Orcbolg.
—Bien. — Goblin Slayer enrolló el mapa y se puso de
pie.
Estaba claro lo que había que hacer.
Era lo mismo que siempre había que hacer.
Siempre y en todas partes.
No importa lo que pase.
Era lo que él había hecho durante los últimos diez años.
—Entonces vayamos a matar goblins.